Reseña: El juego de Ripper

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El juego de Ripper

Tal como predijo la astróloga más reputada de San Francisco, una oleada de crímenes comienza a sacudir la ciudad. En la investigación sobre los asesinatos, el inspector Bob Martín recibirá la ayuda inesperada de un grupo de internautas especializados en juegos de rol, Ripper.

Personajes 40.
Historia 70.
Escritura 80.
Final 40.

Lo bueno

  • Isabel Allende.

Lo malo

  • El asesino.
  • Las incoherencias de personajes.
  • Las descripciones constantes.
5.8

Nota media

El juego de Ripper pretende relatar la historia de una serie de crímenes que suceden en San Francisco, y la relación de estos con todos los miembros de una familia cuya hija, Amanda, la protagonista, participa en un juego de rol llamado Ripper en el que se dedican a investigarlos.

Fue lectora voraz desde muy corta edad, con los peligros que esa costumbre conlleva.

Jamás me atrevería a criticar a una escritora con la trayectoria de Isabel Allende, autora de obras maestras como La casa de los espíritus, pero este libro, El juego de Ripper, el que muchos etiquetaron como su primera incursión al género negro, es un desastre.

No sé ni por dónde empezar.

De entrada, olvídate de eso del género negro, nos lo vendieron así, pero es mentira, los asesinatos que se describen en el libro no son más que una excusa apenas pincelada para contarte la vida de los protagonistas. ¡Y cuántos protagonistas, y cuánta vida!

Durante la mayor parte del libro, Isabel Allende se dedica a describir la vida de todos los que tienen alguna relación con la historia, por lejana que sea, y no son pocos. Personajes principales, secundarios y extras, además de alguno cuya presencia me sigo cuestionando, a los que aún no conoces y cuyo pasado, de momento, te importa un bledo, como diría Rhett Butler. Pero ella te los describe, uno detrás de otro, hasta el más mínimo detalle. Y deja de lado los crímenes que hilan el libro, lo que es una lástima, porque todo el rato tienes la sensación de que serían muy interesantes si te hablaran de ellos, pero les dedica poco más que un párrafo suelto con una descripción rápida, y espera que recuerdes, cien páginas después, quién era el muerto y cómo o dónde murió.

Los chicos de hoy ven tanta violencia, que ya nada les espanta.

Por otra parte, comete algunos errores de principiante con los personajes, como darles nombres similares (Kabel, Blake, Keller) cuando no son conocidos por distintos nombres según estén en la vida real o en el juego de Ripper, en el que algunas niñas juegan con nombres de chico y viceversa; trabajos y aficiones similares (sanadoras místicas, adivinadoras, espiritistas…), personajes planos, comportamientos y actitudes incoherentes con su descripción…

Respecto a este último punto, la descripción de los personajes y su personalidad real no encajan en ningún momento: Amanda es descrita como una joven muy inteligente de diecisiete años, pero su comportamiento durante todo el libro es de una niña consentida e inocente de poco más de trece. La policía, los mejores de la ciudad, como siempre, son unos inútiles en la investigación comparados con un grupo de niños que reciben los informes policiales de oídas, y que son quienes resuelven el caso. Por otro lado, esa obsesión con el espiritismo, las pseudociencias… No es lógico que todos los personajes, sin importar su historia o pasado, crean en ello. No es lógico. Y el amor. El amor es el verdadero tema en esta historia, y es que todos los personajes están enamorados entre sí de alguna manera, hasta el abuelo tiene tres pretendientes, aunque la mejor es Indiana, la Marilyn Monroe del barrio, absolutamente todo el mundo la ama. Todo. El. Mundo. El único personaje que me resultó coherente y bien escrito fue Ryan Miller, un ex navy seal con sus traumas y su razón de ser, que actúa en todo momento como uno espera que lo haga alguien de sus características.

Empieza por perdonarte, si no te perdonas vas a vivir siempre prisionero del pasado, castigado por la memoria, que es subjetiva.

Solo en la última parte del libro, a raíz de un nuevo asesinato, la historia comienza a coger cierto ritmo, pero no así sentido, este crimen no tiene nada que ver con los anteriores y da la sensación de que está puesto ahí para provocar el final, previsible y esperado.

Y llegas a lo peor de todo. El asesino. Al venderse como una novela negra se supone que el fin último es descubrir al asesino, pero no te esfuerces, aunque no te lo desvelen hasta el final, ya lo ves venir desde antes de llegar a la mitad, y alcanzado el 60% no albergas ninguna duda. Quieres creer que te equivocas, pero no, es ese.

Y en estas últimas páginas, cuando ya crees que no puede empeorar porque avanza a buen ritmo hasta el final, la autora da un último giro totalmente absurdo al asesino, describe una barbaridad médica, y todo se acaba.

Por fin.

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