Reseña de En el camino

En el camino
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En el camino

Con el paso del tiempo, “En el camino”, un libro que fue la biblia y el manifiesto de la generación beat, se ha convertido en una «novela de culto» y en un clásico de la literatura norteamericana. Con un inconfundible estilo bop, que consiguió para Kerouac el título de «heredero de Charlie Parker», en esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados, de Dean Moriarty el mítico hipster, el héroe de todos los beatniks, «un demente, un ángel, un pordiosero» y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York. Alco- hol, orgías, marihuana, éxtasis, angustia y desolación, el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida, ajena a todo stablishment. Una crónica cuyos protagonistas, en la vida real y en el libro, fueron Jack Kerouac (Sal Paradise), Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg, William Burroughs.

Personajes 90.
Historia 80.
Escritura 80.
Final 70.

Lo bueno

  • El viaje
  • Los personajes
  • La descripción de los sentimientos
  • La velocidad
  • La música

Lo malo

  • El efecto innegable de los años pasados
8.0

Nota media

¡Hola a todos! ¡Qué alegría veros de vuelta por aquí! ¿Cómo os ha ido? ¿Qué lecturas os tienen atrapados?

Yo voy a hablaros hoy de un libro que me ha impresionado profundamente, En el camino, de Jack Kerouac, pero antes os quiero contar una anécdota personal que recordé mientras lo leía. Si os la sudan mucho mis anécdotas personales podéis pasar directamente al punto siguiente, pero os recomiendo que os quedéis, es una buena anécdota ?

Allá por 1996 (hace un par de años, nada más…???) fui a Madrid para asistir a un concierto de Metallica. Como era menor de edad, me acompañarían mi primo y unos amigos suyos, que vivían allí. Era mi primer concierto GRANDE de rock, ¡y estaba ilusionadísima! Os podéis imaginar… Así que nos presentamos en el estadio de La Peineta dos horas antes de que abrieran las puertas, con la intención de ser los primeros en entrar, muy del estilo inicio de las rebajas.

Pasaron las dos horas, se amontonaron detrás de nosotros cuatrocientas personas, más las cincuenta o cien que teníamos delante, y llegó el momento de la apertura de puertas. Las quinientas personas (yo incluida) echamos a correr hacia el cuello de botella que formaban los guardias de la entrada y, durante unos segundos que se me hicieron horas, noté que mis pies se levantaban del suelo y la masa de gente me arrastraba en el aire diez o doce metros. En ese instante se juntaron en mí varios sentimientos: la emoción del concierto al que me dirigía, la unión con la gente que me rodeaba, el miedo a acabar aplastada por una avalancha humana, la incapacidad para evitarlo…

Y eso, querido saltamontes, me lleva a por qué he recordado esa anécdota mientras leía este libro. Y es que el sentimiento que me invadía página tras página se parecía mucho al que viví en aquella puerta de La Peineta: no podía evitar ser arrastrada hacia delante, a empujones, a toda velocidad, sin poder hacer nada y sin ser capaz de dejar de sonreír porque, acabara como acabara, me lo estaba pasando de miedo.

En muy poco tiempo estábamos de nuevo en la autopista y esa noche vi desplegarse ante mis ojos todo el estado de Nebraska.

Y es que, pese al hambre y el frío y la policía y las noches a la intemperie y las peleas…, habría matado por formar parte de los viajes que relata Jack Kerouac en En el camino.

La trama

Jack Kerouac,  bajo el seudónimo de Sal Paradise, es un joven que huye de una vida preestablecida, y del desencanto al que parece abocada su generación, y parte junto a un variopinto grupo de amigos encabezado por Dean Moriarty, en varios viajes a lo largo y ancho de la América profunda, en busca de la idílica California, primero, y el mítico México, después. En busca, en realidad, de sí mismos y de quiénes son cuando no queda nada más.

Quería ser un mexicano de Denver, e incluso un pobre japonés agobiado de trabajo, lo que fuera menos lo que era de un modo tan triste: <<un hombre blanco>> desilusionado.

Narrado a toda velocidad, con una prosa llena de comas, de saltos, de ideas inconexas e improvisación, con un estilo que muchos han comparado, merecidamente, con la música BeBop que empapa cada capítulo, Kerouac nos habla de esos viajes a los mandos de cualquier coche, propio o ajeno, en autostop, en tren, en autobús; viajes rápidos a ritmo de jazz en los que lo único que cuenta es sentirse vivo, aunque el destino no se olvide en ningún momento, pues es la promesa de un tiempo mejor que nunca llega. Es el trayecto lo que importa, los amigos nuevos y antiguos, las noches de jazz y alcohol, los días en brazos de mujeres, las ciudades y pueblos, los kilómetros que quedan atrás. ¿A quién le importa el destino?

No había adónde ir excepto a todas partes.

Hay que tener en cuenta que En el camino nos narra una historia real (o varias, todos los viajes que el grupo realizó a lo largo de siete años), y también que han pasado casi ochenta años desde la fecha en que estos viajes se realizaron. Ambas cosas condicionan mucho la lectura, sobre todo porque, pese a la fama revolucionara que tiene la obra, no lo es en absoluto vista con el paso del tiempo, pero sí representó una revolución del modo de pensar en los años cincuenta y de la forma en que las nuevas generaciones se enfrentaron a la vida que la sociedad trataba de imponer. Hay droga, hay alcohol (mucho), hay música (muchísima y muy grande) y hay sexo, pero nada de eso nos escandaliza. En realidad es la historia de una amistad que sobrevive siete años al filo del abismo, es una historia  de amor tras otra, de la vida real en la que nada es tan bonito como nos quisieron hacer creer, de la búsqueda de la felicidad en manos de la libertad.  Y es esa libertad que ansían y consiguen los personajes, con todo lo bueno y lo malo que conlleva, la que nos da verdadera envidia. La que hace que soñemos durante un rato con abandonarlo todo, gastar nuestro dinero en benzedrina y gasolina, y no parar hasta que se acabe la carretera.

La carretera es la vida.

Respecto a los personajes

Como he comentado antes, En el camino es una historia real. Durante los viajes en los que Kerouac y compañía recorrieron el país, el autor fue tomando notas que después transcribió a la novela, y son estas notas, cuya esencia se esforzó en conservar, las que nos permiten conocer a los personajes en toda su plenitud. Son personas reales. ¡Y qué personas! Escritores, poetas, artistas… Jóvenes, entonces, que trataban de buscar su lugar en el mundo. Sabemos que Sal Paradise es Kerouac, que Dean es Neal Cassady, que Carlo Marx es Allen Ginsberg, que Old Bull Lee es William S. Burroughs… Casi nada.

Una generación que se enfrentó a un sistema que ni habían creado ni contaba con ellos y acabó derivando en la generación Beat, la generación perdida con la que más tarde se identificaría el movimiento hippy.

La vida es demasiado triste para estar bailando todo el tiempo

Estos personajes viven con la máxima de “Nada importa” y la llevan hasta las últimas consecuencias. Lo único que cuenta es vivir, experimentar, conocer… Por el camino quedan amistades perdidas, corazones rotos, familias huérfanas, queda el dinero y la salud, pero nada importa. Una oda al egoísmo que no deja de ser atractiva en ningún momento. Disfruta de la música, baila, fuma, bebe, enamórate y desenamórate a la misma velocidad. Ama a todos y a ninguno. Pero vive.

No había nada claro en las cosas que decía, pero lo que intentaba explicar era algo puro y transparente.

El final

Este libro no tiene final, igual que no  tiene un nudo central. Este libro es una historia real y, como tal, el final tan solo es el anochecer previo a un nuevo día.

No me gusta ver el final del libro como el final de la historia; Sal, Dean y todos los demás (o lo que es lo mismo, Kerouac, Cassady y compañía) dicen detenerse, establecerse por fin en un lugar, en muchos casos el mismo del que partieron siete años antes, pero no me lo creo. Esa gente no es capaz de detenerse, y es así como prefiero verlo: un alto en un camino que continuaría tiempo después. Al fin y al cabo, estamos hablando de artistas, escritores, poetas…

¿Qué se siente cuando uno se aleja de la gente y esta retrocede en el llano hasta que se convierte en motitas que se desvanecen? Es que el mundo que nos rodea es demasiado grande, y es el adiós. Pero nos lanzamos hacia adelante en busca de la próxima aventura disparatada bajo los cielos.

En resumen

Quiero un Cadillac, quiero una noche de alcohol y drogas, quiero dormir bajo las estrellas, quiero enamorarme de alguien a quien olvide mañana, quiero recorrer las ciudades en compañía de nuevos amigos, quiero escuchar jazz en un antro lleno de humo, quiero conducir como si la muerte me exigiera su pago.

Quiero subirme a un coche con Sal y Dean, con Jack y Neal, y no frenar nunca.

Si eso no te dice lo que me ha parecido el libro, nada lo hará.

Fue un viaje duro y ninguno de nosotros lo advirtió.

¿Tú lo has leído? ¿Te vienes de viaje conmigo? ¡Cuéntamelo!

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