20 consejos de Jack Kerouac para la escritura (y la vida)

Jack Kerouac
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Hola a todos!

Encantada de veros de nuevo por aquí. ¿Cómo os va la vida? ¿Qué estáis leyendo? ¿Qué libro os ha gustado, cuál no? Contadme, que siempre estoy dispuesta a modificar mi lista interminable de lecturas pendientes 😉

Hoy quería compartir con vosotros mi nueva obsesión fan: Jack Kerouac. Hace poco leí su obra más conocida, En el camino, cuya reseña podéis leer aquí; era la primera vez que me adentraba en su mundo por encima de reputaciones, adaptaciones cinematográficas y años y años de discursos ajenos, muchos de ellos proclamados por gente que ni lo ha leído ni sabe nada sobre él más que lo escuchado a terceros. Como suele pasar. Así que, aprovechando que me iba de viaje, decidí que esa historia sería una compañía perfecta para tres horas de avión de ida y otras tres de vuelta.

Y bueno, me enamoré. Lo confieso, me he enamorado de su manera de escribir, de su manera de ver la vida (sí, egoísta y salvaje y todo lo que quieras). Me he enamorado de Jack Kerouac y, como me pasa siempre que me enamoro de algo, lo hago hasta las trancas y me sale la vena Annie Wilkes que me lleva a investigar todo lo posible sobre el objeto de mi amor.

Momento fan

Jack Kerouac nació en Massachusetts en 1922, hijo de padres franco-canadienses y el menor de tres hermanos. Con cuatro años sufrió el fallecimiento del mayor, de nueve, y el posterior abandono de su padre. Jack se refugió entonces en su madre, una devota católica que marcaría su vida hasta el punto de ser, según él, la única mujer a la que quiso. Esta historia familiar se reflejaría, por supuesto, en su obra y su personalidad problemática e inestable.

Sus habilidades deportivas le granjearon el acceso a la Universidad de Columbia, una de las más prestigiosas del país, en la que estudió hasta que una lesión terminó con su carrera futbolística, momento en el que abandonó los estudios y conoció al grupo de artistas y escritores que formarían con él la generación beat: Allen Ginsberg, Neal Cassady, William S. Burroughs y compañía. Dando tumbos de un lado para otro llegó a servir en la marina mercante e incluso la Marina de los Estados Unidos, aunque fue expulsado de allí por motivos psiquiátricos. Por desgracia ya apuntaba maneras.

Tuvo diversos trabajos, fue detenido como testigo en un asesinato, se casó, anuló el matrimonio, recorrió el país varias veces, se volvió a casar, fue abandonado por su mujer, tuvo una hija a la que no reconoció hasta que una analítica la confirmó como suya nueve años más tarde, se convirtió al budismo, se volvió a casar, se granjeó el odio de derechas e izquierdas por sus controvertidas ideas hacia ambos lados…

Y es que no es Jack Kerouac una persona fácil de querer. Llevó su pasión por la vida al extremo, hundiéndose en las drogas y el alcohol hasta que este acabó con él, sin importarle la gente que quedaba atrás. Por suerte, dejó a su paso una prolífica carrera literaria de poemas y novelas, géneros que decía no distinguir, y la semilla, junto a otros autores de su época, de la generación beat. En sus obras reflejó aquellos temas que marcaron su vida y su forma de pensar: la espiritualidad, el budismo, la música jazz, el sexo, el alcohol, las drogas y los viajes.

También dejó lo que él llamó una Lista de esenciales bajo el nombre de Credo y técnica de la prosa moderna. Una lista, efectivamente, que detalla su manera de ver la escritura, y que yo amplío a su manera de ver el mundo.

Esta lista no da el milagro para convertirse en un autor de su talento, por supuesto, pero muestra una pizca de su forma de pensar, y a mí me ha encantado. La que tenéis a continuación es un resumen que he creado a partir de varias traducciones que circulan por internet, pero he intentado reflejarla con mis propias palabras de una forma sencilla. Aquí os la dejo, y espero que la disfrutéis.

Libertad y ¡a la carretera!

Credo y técnica de la prosa moderna, por Jack Kerouac

 Rellena cuadernos de notas secretos, garabateados, y páginas salvajemente escritas a máquina, para tu propia felicidad

 Sométete a todo, ábrete y escucha

 Trata de no emborracharte nunca fuera de tu casa

 Enamórate de tu vida

 Eso que sientes acabará encontrando su propia voz

 Respira, respira tan fuerte como puedas

 No pierdas el tiempo con la poesía excepto para lo que es

 Deshazte de tus inhibiciones literarias, gramaticales y sintácticas

 Cuenta la verdad de lo que te rodea como si te la contaras a ti mismo

 Asume perder para siempre

 Cree en los sagrados suburbios de la vida

 Esfuérzate por captar aquellas ideas que todavía fluyen intactas en tu mente

 No sientas miedo o vergüenza por la dignidad de tu experiencia, tu lenguaje o tu sabiduría

 Escribe para que el mundo lea y vea la imagen real que tienes de él

 Ensalza a los personajes inhumana y irreconciliablemente solitarios

Utiliza una composición salvaje, pura, indisciplinada, venida de dentro, alocada si es posible

 Eres un genio todo el tiempo

 Procura estar poseído por una ingenua santidad de espíritu<

 Sé, como Proust, un fanático del tiempo

 No pienses con palabras, es mejor que procures ver la imagen

 Escribe para ti mismo, recogido, asombrado

¿Qué os parecen estos consejos? Algunos son más difíciles de aplicar que otros, pero estoy dispuesta a intentarlo. ¿Y vosotros?

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