5 razones por las que escribo a mano, y algunos inconvenientes

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Sí, has leído bien, escribo a mano, a boli, como toda la vida, como en el siglo pasado (o en el anterior). Y no, aún más inconcebible, no estoy loca por ello.

No me gusta demasiado hablar de mis rutinas de trabajo, de mi metodología ni de nada que haga referencia a mi escritura, y no porque quiera mantenerlo en secreto ni mucho menos, sino porque no me creo con derecho a decirle a nadie “hazlo así que es como lo hago yo”. ¿Qué demonios sé yo sobre escribir? Llevo en esto tres días, y sospecho que si algún día llego a acumular treinta años de experiencia, seguiré sintiéndome una novata con todo por aprender.

Pero la gente me mira raro cuando admito que escribo a boli. Me miran raro e insinúan que a lo mejor ahora vienen unos señores de batas blancas a llevarme a un sitio muy tranquilo y bonito donde me recuperaré…

¡Que no, que no estoy loca!

Así que he decidido explicar mis razones, y ya vosotros decidiréis hasta que punto debo ingresar o no en ese sitio tan guay…

 

5 razones por las que escribo a mano

Fluidez

Soy una persona acostumbrada al teclado, trabajo en una empresa informática y llevo pegada a un ordenador casi desde que puedo recordar, así que no es por echarme flores, pero escribo muy rápido. A veces, demasiado. A veces, más rápido que lo que puedo pensar. Cuando escribo ficción en el ordenador, en ocasiones me encuentro aturullada, los dedos por un lado, la cabeza intentando correr por detrás, deteniéndose a pensar si lo que he escrito es lo que quería decir, volviendo atrás, adelante…

No tengo ni idea de lo que estoy escribiendo…

La primera vez que escribí un texto largo de ficción a boli y papel, descubrí una fluidez casi musical entre mano y mente. Íbamos al mismo ritmo, y eso me hizo, al final, escribir mucho más rápido.

Solo escribir

Tengo un problema, dudo de cada palabra que escribo, de cada una. Así que vuelvo atrás una y otra vez, en principio solo para entrar en materia, pero acabo deteniéndome a corregir, y yendo aún más atrás, y cambiando una palabra, y luego un párrafo entero, y a lo mejor la escena completa… ¡Esto no avanza! No, no avanza, es imposible. ¿Sabéis lo bueno del bolígrafo? Que no se puede borrar. ¿Sabéis lo bueno de las páginas escritas? Que no puedes hacer hueco para escribir más. Así que de esta manera me puedo concentrar en ir solo hacia delante. Hacia el infinito y más allá, que decía aquel.
Eso no significa que logre contener las ganas de retroceder y cambiar, pero me limito a pequeñas anotaciones al margen, a frases en letra diminuta escritas entre medio de dos líneas, o a asteriscos que me llevan a otra hoja en la que apunto por encima lo que debo cambiar. Y ahora sí avanzo, mucho más de lo que imaginaba.

Cero procastinación

No os lo tengo que explicar: ordenador, redes sociales, correo, notificaciones… Pérdida de tiempo. Pero incluso aunque logre aislarme del mundo exterior y volcarme en lo que estoy haciendo, soy una persona que tiende a irse por las ramas. Como escritora de brújula que soy (o de río, como leí hace poco, que se deja llevar por la corriente y a ver dónde acaba), la necesidad de documentación me surge a medida que pasan las páginas. Llego a un punto y necesito averiguar qué calibre de un rifle es apropiado para tal distancia, cuánto pesa tal fusil, a cuántos metros se encuentra este punto de este otro… Pues venga, paro la escritura, me voy a investigar y luego vuelvo. Y así una y otra y otra… Total, un despiste absoluto, una procastinación brutal, por muy útil que sea, y un número final de páginas escritas bajísimo.
Si coges un papel, un boli y te alejas del ordenador, esto no ocurre. Tú escribes y escribes y cada vez que necesitas documentar un dato lo anotas en una hojita aparte “averiguar calibre x”, “medir distancia x – y”, “buscar peso rifle z”, y sigues a lo tuyo. El número de palabras escritas se multiplica por mil. Creedme.

No necesitas nada

De la otra manera necesitas un ordenador, por supuesto, y a no ser que sea un portátil, eso te ata al lugar donde tengas ese ordenador. Y necesitas corriente eléctrica. Y ya que estamos, necesitas internet, ¿no? Bueno no, pero sí, no nos engañemos… Si escribes a boli no necesitas nada más que papel, boli y una mesa, y hasta eso último es secundario, que yo he escrito cientos de páginas tirada en un sillón con una carpeta apoyada en las piernas.
Eso sí, tened preparados un montón de bolígrafos, porque se gastan más rápido de lo que creéis. Y si podéis utilizar papel reciclado, mejor. Yo siempre que imprimo algo en la oficina que luego voy a tirar, me lo llevo a casa, que esa parte de atrás tan blanca y vacía me llama a gritos.

Puedes escribir en cualquier sitio

Como te decía antes, si ya no estás atado al ordenador, puedes escribir en cualquier sitio, sin preocuparte de wifis ni de carga de batería.
Os cuento, vivo en Tenerife, como muchos sabéis, y aquí hace bastante buen tiempo casi todo el año. Así que no te digo nada, balcón o terraza, sombrilla (porque el sol y yo no nos llevamos bien), aire fresco en la cara, los pajaritos en el parque y mi cabeza imaginando sangrientos asesinatos. Ya, no estoy bien de lo mío, pero ¿a que mola la escena? O si preferís la versión friolera: calefacción, sofá, mantita sobre las piernas, lluvia en la ventana…

Sí, en cualquier sitio, pero no con esas zapatillas ¡alma de cántaro!

Y algunos inconvenientes

Porque no te voy a vender que escribir a mano sea la panacea ni el paraíso del escritor. Tiene inconvenientes, como todo, solo hay que decidir en la lista de pros y contras qué lado pesa más para cada uno.

Perderlo todo

Es un riesgo innegable. Una ráfaga de viento y tu trabajo de meses volando por los aires. Una ventana abierta, un ladrón aficionado a los manuscritos, tu mascota que no sabía dónde afilarse las uñas o limpiarse el barro de las patas…

¡Noooooooo!

Puede pasar, por no entrar en catástrofes peores tipo incendios, inundaciones…
Lo único que puedo aconsejar para evitar estos riesgos es tenerlo todo bien guardado, en cajas o archivadores que, además, os permitirán tener cada trabajo por separado. Y, por supuesto, lejos de niños, perros, gatos, maridos, esposas, aspiradoras, fugas de agua y ladrones lectores.
También es cierto que puedes perderlo todo en el ordenador, sobre todo si sois de esos insensatos que no guardan veinte copias de seguridad en otros tantos sitios distintos, así que…

Entender tu propia letra

Tengo una letra horrible. Soy el hazmereír de mis amigos y compañeros de trabajo, que no desaprovechan una para cachondearse de lo que yo llamo caligrafía. Pero os aseguro una cosa, entiendo mi letra. Puede que vea una palabra suelta y piense ¿qué demonios pone aquí? Pero si veo la frase completa la entiendo, por deducción o magia divina, pero la entiendo. Y si no entendéis vuestra letra, miradlo por el lado bueno, podéis llegar a presidente del gobierno.

La mano se te queda hecha papilla

Sí, esto sí que no puedo negarlo. La mano se te queda hecha gofio (que decimos en Canarias) tras una sesión de varias horas de escritura. Pero el ordenador también provoca el síndrome del túnel carpiano. Es lo que hay, escribir es una profesión de riesgo que ríete tú de los escaladores…

Sí, muy bien, escribes a mano, pero tarde o temprano tendrás que pasarlo al ordenador

Pues sí, en efecto, a no ser que contrates a un esclavo que te pase el trabajo a ordenador mientras con la otra mano te abanica, te va a tocar pasar las tropecientas páginas a digital. ¿Entonces para qué demonios…? Calma, calma. Es mucho trabajo, claro que sí, pero si te lo tomas como base para una primera lectura puede resultar muy útil. Mientras lo haces descubrirás errores de coherencia, comprobarás el ritmo de las escenas y encontrarás puntos fuertes y débiles de la historia. Lleva trabajo, pero es una revisión inicial de la que obtendrás muchísima información. Además de que será ahí cuando arregles todos esos asteriscos y cambios que apuntaste mientras escribías.

En resumen

Aquí cada uno escribe como buenamente puede, a las horas en que buenamente puede, y en las condiciones en que buenamente puede. Por eso, si encontráis una manera que os funciona, agarraos a ella y no la solteis. Y si la gente piensa que estáis locos, pues sí, ¿por qué no? Las cuerdas atan.

Así escribo yo, ¿cómo lo haces tú? ¿Te parece que estoy tan loca? Pues dímelo a la cara, cobarde (o en los comentarios, también me vale)
¡Hasta la próxima!

Fuente de imágenes: Inocencia interrumpida (película), Como Dios (película), Love actually (película), google.

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Comentarios (5)

yo tambien soy una fans de los boligrafos los uso y los colecciono a la antigua usanza

Me confieso: yo también escribo a mano. Soy amante de las libretas pequeñas, sobre todo de las que tienen ásperas hojas que hacen que el bolígrafo se deslice lentamente; tambien me gustan los bolis pequeños aunque se gasten en seguida. Es coger un bolígrafo y las ideas fluyen y se vierten en el papel. Con un ordenador me siento encorsetada y bloqueada, y pierdo el placer por la escritura. Y con una libreta escribes en cualquier parte, con un café por toda compañía, o con un paisaje increíble como marco. Y claro, luego hay que pasarlo al ordenador, pero eso es otra historia…

Coincido contigo palabra por palabra. Las sensaciones son totalmente diferentes, y aunque un ordenador pueda ser más cómodo, no hay nada para mí como el papel y el boli para que la escritura fluya sola.
Un abrazo, Luz. Muchas gracias por comentar 😉

Genial lo de no entender tu letra…¡de medico la tengo yo!
¡Realmente estoy muy sorprendida por esto! Nunca hubiera imaginado que habías escrito tu libro a mano…sorprendente…
No puedo imaginar el número de folios manuscritos.

jjjjjj mejor no te enseño el tocho de papeles que tengo dando vueltas por casa! 😀 😀
Un abrazo

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