Reseña de Nunca bombardees Pearl Harbour, de Javier Hernández Velázquez

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Nunca bombardees Pearl Harbour

Los spaghetti western de Sergio Leone, los acordes de Ennio Morricone, los estudios en Esplugas de Llobregat, la Cataluña del procés. ¿Qué hace un investigador chicharrero en esta historia? El asesinato de un joven en el barrio del Raval origina que dos mujeres remuevan terribles hechos del pasado y se pongan en contacto con Mat Fernández para esclarecer la muerte. Un suceso cuya única pista es un montaje de escenas eliminadas de la Trilogía del Dólar de Sergio Leone y que genera una pregunta: ¿por qué han contratado a un investigador tinerfeño, sin licencia, para resolver un caso en Barcelona? Los acontecimientos abren una vía insospechada a nuestro personaje y relacionan el caso que tiene entre las manos con su pasado. Un asunto que comienza a cerrarse sobre él, a medida que avanza en la investigación, introduciéndolo en un juego peligroso que gestionan unos profesionales de la muerte denominados “rastreadores”. Mientras avanza hacia el esclarecimiento del caso, el destino le revelará a Mat que la suerte final no será otra cosa que encontrar respuestas a preguntas que nunca se hizo sobre su pasado.

Personajes 60.
Historia 70.
Escritura 70.
Final 70.

Lo bueno

  • El primer capítulo. Arrollador
  • Los diálogos dignos del cine negro

Lo malo

  • La frialdad con la que narra algunas escenas
  • Los saltos entre personajes que te dejan perdido durante un rato
6.8

Nota media

Te propongo un reto: elige un detective clásico, uno de esos tipos duros de los años cuarenta con la pose de Humphrey Bogart y la firma de Raymond Chandler o Dashiell Hammett, y mételo a protagonizar una temporada de The Wire. ¿Qué obtienes? Obtienes la novela que reseño hoy:

Nunca bombardees Pearl Harbour sitúa a uno de esos detectives de toda la vida, duro, resentido, habitual de los barrios bajos, mujeriego, dolorosamente machista y aficionado a los vicios en el presente más actual. Tan actual que mientras leía esta novela me preguntaba si seguirá teniendo sentido el año que viene, pues sus páginas, como una temporada de la serie televisiva a la que me refería antes, está plagada de referencias socio culturales que quizá mañana nadie recuerde: el procés catalán, tramas de corrupción política, personajes…

Otro parecido con la serie -sí, era incapaz de quitarme la música de apertura de la cabeza mientras leía- es la complejidad de una trama en la que juegan su papel una cantidad ingente de personajes. Aunque haya un principal indiscutible, a su alrededor pululan media docena de buenos y malos y algunos que no terminan de decidir en qué bando están ni si hace falta estar en alguno. Y cada uno de estos personajes tiene sus propios intereses, ambiciones y motivos. Otro asunto es que el pobre Mat Fernández los comprenda.

El tiempo no va más lento cuando te están apuntando con una pistola

¿Y qué tiene de Chandler o Hammett? Tiene al detective Mat Fernández, tiene diálogos dignos del mejor cine negro, tiene mujeres fatales. Y tiene culpa y errores y personas que no son perfectas ni lo pretenden. Si buscas un héroe te has equivocado de libro, pero si necesitas un detective, entra y cierra la puerta.

El autor: Javier Hernández Velázquez

Javier Hernández Velázquez nació en Santa Cruz de Tenerife en 1968, y su origen queda plasmado sin disimulo en cada párrafo y cada acción que sitúa en la isla canaria.

Es abogado y funcionario del Gobierno de Canarias, y también autor de varias novelas: Un camino a través del infierno y Los ojos del puente  son la primera y segunda parte de una saga que continúa con esta Nunca bombardees Pearl Harbour. Además ha escrito El fondo de los charcos (finalista del Premio Benito Pérez Armas, 2009), Los días prometidos a la muerte, El sueño de Goslar y Mientras mueres. Así como varios relatos como El eco de Cobain y Cajonera City.

Como parece que todo esto no es suficiente, también es el Comisario del Festival Atlántico de Novela Negra Tenerife Noir.

Ha dejado de tener miedo a la noche

En esta novela encontramos sus clásicos fetiches, las referencias deportivas, musicales y cinematográficas que pueblan toda su obra y le dan un aire único a lo Javier Hernández.

La trama

Nunca bombardees Pearl Harbour se regodea en los clásicos del western de Sergio Leone -no en vano el afamado director es uno de sus (extraños) personajes, y a ritmo de The Wire, entre capítulos cortos y continuos saltos de localización y punto de vista, nos cuenta la última aventura del detective sin licencia Mat Fernández.

Un joven es asesinado en El Raval barcelonés y varias personas acuden a Mat Fernández para que resuelva el caso. ¿Por qué, si Mat vive en Tenerife? Algún motivo tiene la madre del chico y la abuela de este, suegra de la señora, para reclamar sus servicios. Solo hay un motivo por el que el detective accede a tan extraño encargo, y es que Sara, la madre de la víctima, es un antiguo amor de juventud. ¿Qué mejor motivo que ese?

Es difícil explicar más sin desvelar demasiado. Alrededor del fallecido se mezclan políticos, asesinos a sueldos y empresarios en medio de una OPA, y la clave para resolver el misterio de su muerte se encuentra en un misterioso DVD que contiene un montaje inédito con escenas de las míticas películas de Sergio Leone.

Mat Fernández se ve en la obligación de rebuscar en su pasado si quiere averiguar quién ha matado al chico, desde ese amor de juventud al que jura haber olvidado hasta los viejos amigos del barrio y un padre al que no quiere volver a tener cerca.

Los personajes

Nunca bombardees Pearl Harbour encontramos un buen elenco de personajes, pero no sabemos mucho de casi ninguno de ellos. Ocultan sus secretos y lo que nos  cuentan suele ser mentira, así que es difícil definir a cada uno de ellos. Por eso voy a quedarme con Mat, que es quien carga el peso de toda la historia sobre su espalda.

Matías Fernández: Mat, para los amigos, clientes y enemigos, es un expolicía que se busca la vida como detective privado sin licencia ni permiso. Tiene su pequeña oficina con la correspondiente secretaria – rollete platónico y se apaña lo mejor que puede, que no es mucho decir.

Obsesionado con las mujeres, el baloncesto y las películas de Sergio Leone, es un hombre de los que ya no hay, un tipo duro que se siente mejor en los bajos fondos que en la superficie. Carga con su dosis de culpas y rencores de la infancia y procura mantenerse alejado de quien pueda volver a hacerle daño, sin demasiado éxito.

La suerte era tan esquiva que si me tumbase a dormir en un pajar me clavaría una aguja.

Debo añadir una cosa, aparte del detective hay, como he dicho, un montón de personajes que se conectan entre sí con sus propias tramas de enemistades, rencillas, odios y venganzas. Me resultó complicado, en determinados momentos, recordar quién era quién y qué tenía que ver con este o con el otro, y por eso eché en falta un glosario de personajes como en las clásicas novelas de Agatha Christie. Me habría facilitado mucho la lectura de la novela, pues si esa relación tan independiente entre los personajes es algo digno de elogio, pero complica la cosa.

El final

Arrollador, digno del mejor western, digno del mejor cine negro. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que esta novela se mueve cómodamente entre estos dos géneros tan diferentes, a priori.

Tuve miedo de no haber muerto. De que todo esto fuera cierto y quedara aún la necesidad horrenda de morir

Un final lleno de acción, violencia, disparos y revelaciones. Las preguntas quedan resueltas y el autor ha esquivado con maestría la tentación de un error predecible y letal que no revelaré aquí para evitar spoilers.

En resumen: Nunca bombardees Pearl Harbour

En Nunca bombardees Pearl Harbour vas a encontrar western y cine negro, tipos duros y mujeres fatales, descripciones minuciosas y diálogos bala, un protagonista clásico y personajes con su propia vida, referencias actuales y cultura popular clásica. En cada uno de sus cortos capítulos hallarás algo de todo esto o, incluso, todo junto.

Si quieres leerlo puedes comprarlo en librerías o en la librería de Ediciones Irreverentes

¿Y tú, te jugarías la vida si el pasado reclamara tu ayuda?

Un abrazo, y felices lecturas.

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