Querido diario: Otoño. El momento de la verdad

Querido diario: otoño
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Otoño llegó y pasó en un parpadeo. Después de las vacaciones de verano podría haberme costado entrar de nuevo en la rueda, pero ni siquiera he tenido tiempo para quejarme. Como sabéis, a principios de octubre publiqué, por fin, mi segunda novela, y estos meses se los he dedicado a ella, a promocionarla, a recibir las primeras impresiones (¡Gracias, gracias a todos por ese recibimiento!) y a organizar mi agenda de cara a la próxima.

Por supuesto, eso no significa que haya cerrado el blog ni que haya dejado de leer, así que aquí os traigo, como cada estación, mi resumen de los trabajos de estos últimos tres meses.

¿Quieres ponerte al día? Vamos allá.

 

El libro

Ya está. Es una realidad. Zed está muerto ha abandonado el hogar y ahora vive libre y salvaje por las calles más peligrosas del mundo. Aunque, al menos, parece que a la gente le cae bien. (¿Estáis majaras?)

Si os apetece, aquí tenéis todos los comentarios que la novela ha generado hasta el momento en la web de Amazon. Y aquí los de Goodreads. En el momento en que escribo esto, tanto unos como otros son todos de 5 estrellas. Una vez más, gracias. Todavía no me lo creo y no he terminado de asimilarlo, así que me voy a limitar decir gracias hasta que, tarde o temprano, me dé el ataque de histeria y me ponga a pegar saltos de alegría.

Y si te quedas con las ganas o te pica la curiosidad, recuerda que puedes leer los primeros capítulos aquí.

El blog en otoño

Vale, no todo es el libro. El blog ha continuado adelante durante el otoño y aquí tienes un resumen de todo lo que he publicado:

  • Reseña de Controlaré tus sueños, de John Verdon. El superdetective Gurney vuelve a las andadas, y si bien mejora ligeramente la anterior entrega, sigue sin acercarse a la magia de la primera
  • Mi primera divagación del otoño giraba alrededor de la típica pregunta que me hacen en cada entrevista: ¿Autopublicación o Publicación tradicional? En este artículo te explico mis razones para decidirme por la primera.
  • La primera presentación de Zed está muerto tuvo lugar en el marco del programa de radio Hablando sobre libros. El podcast está disponible aquí.
  • El otoño trae consigo una de mis fiestas favoritas del año, la noche de Halloween, y yo decidí celebrarla homenajeando a uno de mis autores fetiche. ¿King? No, el otro. Una noche de Halloween con Ray Bradbury.
  • ¿Alguien ha nombrado a King? Mucho había tardado en sacar novela nueva, ¿verdad? Pues este otoño lo hizo y yo publiqué la correspondiente reseña. El visitante, de Stephen King.
  • ¿El tamaño importa? Menuda pregunta. Todos sabemos que hablamos de libros, y todos tenemos nuestra propia opinión al respecto. Novelas largas o cuentos cortos. ¿Cuál prefieres tú? Aquí tienes mi opinión
  • Otra reseña, en esta ocasión de uno de los grandes del panorama nacional. Todo lo mejor, de César Pérez Gellida. De mis mejores lecturas del trimestre
  • Y como se acercan las navidades, no podía faltar el clásico (clasiquísimo) post con la lista de reyes perfecta para todo aficionado a la lectura. ¿Necesitas ideas? Aquí tienes las mías
  • Termino el otoño y comienzo las fiestas con una reseña: Fuego, de Joe Hill. Este chico comienza a escribir tan bien como su padre.

Mis lecturas de otoño

  • En el cuarto frío, de E. Robinson. Una novela flojita para empezar la temporada, desgraciadamente.
  • Controlaré tus sueños, de John Verdon. La quinta entrega de la saga protagonizada por el detective Gurney. Aquí tienes la reseña completa.
  • El visitante, de Stephen King. El maestro le ha cogido el gustillo a la novela negra, y se dedica a mezclar los clásicos misterios policiales con su personal toque sobrenatural. Reseña, aquí.
  • En las montañas de la locura, de H.P. Lovecraft. Hacía tiempo que no revisitaba la obra de este genio del horror, y esta perturbadora historia fue la elegida para hacerlo. Aquí tienes mi comentario en Goodreads
  • Todo lo mejor, de César Pérez Gellida. Lo mejor. Y punto. Aquí tienes la reseña.
  • Fuego, de Joe Hill. El hijo de Stephen King se saca de la manga un apocalipsis vírico y nos enfrenta a lo más terrible del ser humano. Aquí tienes la reseña.
  • Tiempo de odio, de Andrzej Sapkowski. La cuarta entrega de la saga de Geralt de Rivia, en la que el brujo en cuestión apenas tiene la menor relevancia. Olvídate de la fantasía, esta es una novela bélica de espías. Puedes leer mi comentario aquí.
  • La felicidad es un té contigo, de Mamen Sánchez. Una historia tierna y nada más. Bueno, sí, una sarta de clichés detrás de otro. Mi decepcionado comentario, aquí.
  • Grandes esperanzas, de Charles Dickens. Una obra maestra. Me enamoré de sus personajes y me enganché a su historia y su pluma. Imprescindible. Aquí está el comentario, pero ignóralo y vete directamente a comprarla.
  • Hale-Boop, de Alberto Rueda. Supongo que después de Grandes esperanzas, cualquier lectura habría sido una decepción, pero me lancé a esta buscando un cambio de estilo y, lamentablemente, me estrellé. Esta novela me pareció poco pulida, partía de una base magnífica, una premisa digna de enganchar al lector y no soltarlo, y sin embargo empezó a dar bandazos casi desde el principio. Creo que con un poco más de trabajo habría mejorado mucho.
  • La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. Novela extraña, como poco. Tardé un rato en comprender qué demonios estaba ocurriendo y, cuando lo logré, no fui sino un monigote en manos del autor, que jugó con mis creencias y expectativas de manera casi cruel. Fue todo tan chocante que, según la terminé, la empecé de nuevo. Muy recomendable.

Llegados a este punto, me encontré en una situación que condicionó mi lectura, en unos días me iba de viaje y no quería arriesgarme a embarcarme en una novela larga que, probablemente, no me daría tiempo a terminar antes de irme. Por ello me lancé a por alguno de esos relatos cortos que me han recomendado mil veces y que no había leído por mi recelo hacia este tipo de lectura. Son los siguientes:

  • Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig. Lo mejor, la pluma del autor, el lenguaje, la sencillez y al mismo tiempo la profundidad de unos sentimientos impropios e inaceptables desde el punto de vista de quien los sufre. El final, magnífico.
  • 84, Charing Cross Road, de Helene Hanff. Una oda a la la literatura. Una historia formada por años de intercambio epistolar entre una aficionada a la lectura en Nueva York y una pequeña librería en Londres, desde la posguerra en adelante. Magnífica. Enternecedora. Genial.
  • El aleph, de Jorge Luis Borges. No. Lo siento, pero no. Me avergüenzo, pero no.
  • El amante, de Marguerite Duras. Me esperaba otra cosa, pero lo que encontré no me decepcionó. Una historia más profunda y tierna que la imagen que se le ha dado. Entretenida, hace pensar sobre muchos aspectos históricos, sociales, políticos y humanos, y el sexo es el menos relevante de todos.

Al regresar del viaje retomé el ritmo habitual con:

  • El inocente, de Harlan Coben. La definición de «Trepidante» en el diccionario debería incluir la foto de esta novela, pese a las trescientas y pico páginas que tiene me la zampé en dos días. Podría haber sido uno. Se lee en un abrir y cerrar de ojos, y eso no es solo debido a la velocidad a la que se desarrollan los hechos, por desgracia, mi impresión fue que la novela estaba a medio terminar. Un primer borrador a falta de mucha revisión, de profundizar en los personajes, apenas bosquejados; de definir escenas, limitadas a intercambios de diálogo. Próximamente os traeré una reseña más detallada, lo prometo.
  • Cucarachas, de Jö Nesbo. Sigo dándole oportunidades a este hombre por culpa de las mil recomendaciones que lleva tras él, pero todavía no le he pillado el punto. No sé decir si Cucarachas me gustó más que la primera entrega de su detective, Harry Hole, pues apenas recuerdo El murciélago, pero desde luego no entiendo tanta fama. ¿Mejora el tercero? Porque me estoy planteando abandonar el barco.

En fin. Esto es lo que han dado de sí los tres meses de otoño, ahora llegan las navidades, llevándose consigo el tiempo necesario para cualquier cosa productiva, pero espero que cuando acaben pueda recuperarme y ponerme de nuevo a trabajar. Tengo mil millones de lecturas pendientes y una nueva novela que publicar.

Felices fiestas a todos, y hasta pronto

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