Las musas, esas malditas esquivas

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Hace unas semanas publiqué en mi Instagram esta imagen:

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«Cuando me preguntan ‘¿Cómo escribes?’ Invariablemente contesto ‘Una palabra tras otra’. Stephen King (AKA Dios)

Junto a esta, explicaba que, a veces, a las musas les de por jugar al escondite, y en esas ocasiones lo único que puedes hacer es seguir escribiendo, una palabra tras otra hasta que regresen. A raíz de este comentario, alguien me preguntó por mi opinión sobre las musas. ¿Existe tal cosa? ¿La inspiración mística? Así que hoy voy a hablar sobre ellas, siempre desde mi humilde opinión y experiencia. Y recuerda, mis métodos suelen ser lo que los expertos califican como «Lo que NO hay que hacer» así que, diga lo que diga, dale la vuelta y haz justo lo contrario.

Estás advertido.

 

¿Qué demonios son las musas?

Nunca me ha gustado demasiado el concepto musa, da la sensación de que el escritor (o cualquier otro tipo de artista, llegado el caso) tan solo debe sentarse a esperar a que unas señoras en túnica aparezcan y hagan todo el trabajo por él. ¿Dónde hay que firmar?

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Que sepas que las musas son como Olivia Newton-John en patines

Ojalá tal cosa ocurriera, pero no. No debemos olvidar lo que dijo Thomas Alva Edison:

El genio es 1% inspiración y 99% transpiración

Y esa transpiración viene del trabajo consciente: escribir, añadir, borrar, cambiar cosas de sitio, probar mil maneras de hacer una cosa antes de acabar regresando a la primera. Son dudas y más dudas que se resuelven en soledad, sin musas que te susurren una solución milagrosa al oído.

 

Y sin embargo

Sí, hay un «sin embargo». Porque es cierto que, a veces, parece que alguien agarrara el bolígrafo por mí y comenzara a escribir. En esas ocasiones las horas transcurren sin que me dé cuenta y puedo rellenar folios y folios sin levantar el culo de la silla ni sentir el dolor en la mano; este ya vendrá después, soy de agarrar el boli con fuerza.

No sé por qué ocurre, ojalá lo supiera, una confluencia de circunstancias: el ánimo adecuado ese día, la paz mental, el punto en la historia que estoy escribiendo. No lo sé, pero ocurre. ¿Podemos llamar a esto «Las musas»? Adelante. Yo lo llamo como quieran con tal de que aparezcan de vez en cuando, porque así todo es mucho más fácil, y porque te deja con una sonrisa en la boca digna del mejor orgasmo de tu vida.

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Bueno, vale, tampoco hay que pasarse

Y sin embargo, 2ª parte

¿Cómo? ¿Otro «Sin embargo»? Sí, otro. Porque es cierto que a veces aparecen estas musas y el ritmo de escritura se multiplica, pero eso no significa que lo que escribo en esos momentos sea perfecto. En absoluto. Tendrá sus cosas buenas y sus cosas malas, exactamente igual que lo que escribo en los ratos sin musa. Apenas hay diferencia si es que la hay. Ambos tendrán que pasar por la siguiente etapa.

La corrección

No sé por qué aparecen las dichosas musas o no, lo que sí he notado es que estos momentos me ocurren con más facilidad cuando escribo a mano, y ese es uno de los motivos por los que me decanté años atrás por esta técnica (como te expliqué en este artículo) y dejé el ordenador para el proceso de corrección y edición; el teclado para sentarte con cara de concentración y poner en duda cada palabra escrita, y el bolígrafo para dejar salir lo que se me ocurra.

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Perdón, que me vengo arriba

Y con musas o sin ellas, como digo, este proceso va a llegar. Es más, DEBE llegar.

Entonces, ¿qué? ¿Existen o no?

Existe el trabajo. Y, como decía Picasso:

Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando

Existen momentos en los que escribir es muy duro, y otros en los que es fácil. Y existen momentos en los que es súper fácil.

El truco es seguir haciéndolo sin importar en qué momento estás.

Hasta la semana que viene, lectores.

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Comentarios (2)

Solo, gracias…

Al contrario. Mil gracias a ti.

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