Por qué leer un libro sin tener ni idea de lo que va

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Tengo un listado de libros por leer. Seguro que tú también. El mío es un listado enooooorme de novelas pendientes que me han recomendado amigos, compañeros de trabajo, blogs (sí, los vuestros)… Escucho o leo la crítica, busco la sinopsis y, si creo que me puede gustar, lo añado a la lista.

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Nombre – autor – género.

Nada más, ni año ni si es editorial o autopublicado, autor o autora, número de páginas. Nada. Me da igual. De hecho, ni siquiera apuntaría el nombre del autor si no fuera por evitar equivocaciones con novelas que comparten título. Eso de si el autor es hombre, mujer o animal de cuatro patas, me da igual. Solo me importa la novela. Yo soy así.

Uno por uno, voy poniéndome con el libro al que le toque en esa lista en base a un orden complejo y retorcido que me llevaría horas explicar, y empiezo a leer. Sin saber nada.

Puede que hayan pasado años desde que me lo recomendaron, y lo más probable es que no tenga ni idea de lo que va. Las únicas comprobaciones que hago antes de leerlo son si pertenece a una saga, por asegurarme de que la leo en el orden correcto, y el género, por si llevo dos o tres novelas del mismo tipo y me va a resultar repetitivo. Nada más.

No vuelvo a leer la sinopsis. Y, por supuesto, no leo ninguna reseña. Lo más probable es que ya la haya leído antes; como dije, es de vuestros blogs de donde pillo la mitad de las recomendaciones, pero no vuelvo a leerla ahora.

No sé nada.

Y por raro que parezca, eso me asegura sorpresas maravillosas.

Todo esto viene a raíz de los trailers de películas y series, que los últimos años han cobrado casi tanto protagonismo como el estreno de la película en sí. Unos segundos, apenas un minuto, diseñado para hacer crecer el ansia en el público y que a veces te desgranan todo el argumento hasta quitarle cualquier atisbo de sorpresa. ¿Qué necesidad?

Pues, en ocasiones, leer las sinopsis de los libros provoca el mismo efecto. A la porra la sorpresa. ¿Es tan grave? Bueno, no, raro es que te destripen algo verdaderamente importante, pero si puedes leer y descubrir las sorpresas y los giros cuando el autor lo ha pretendido, mucho mejor ¿no?

Hace no mucho me ocurrió con dos novelas que son las que me han llevado a querer soltaros este rollo. Me ocurrió con 4 3 2 1, de Paul Auster, y con Ana, de Roberto Santiago.

Lo que os voy a contar, para mí, son dos spoilers como dos castillos, pero en ambos casos, son dos momentos de la acción que no solo ocurren en las primeras cien páginas de sendas obras de 900, sino que son la base de las historias. Así que, en realidad, no es spoiler para nadie más que para mí. Aun así, si no las has leído, casi mejor que vayas directamente al final de este comentario.

En 4 3 2 1, Paul Auster narra cuatro versiones similares aunque diferentes de la vida de un mismo chico. Cuatro historias paralelas, los mismos personajes con distintas vidas. Es la trama del libro. ¡Y yo no lo sabía!

Tendrías que haber visto mi cara cuando empecé a detectar las primeras diferencias a medida que las historias, que nacen de un punto común, se iban separando. ¡Fue increíble! Mágico. De verdad creo que esta novela fue pensada para leerla como yo lo hice, a ciegas.

En Ana, conocemos a su protagonista y a su hermano, con quien no mantiene relación desde hace años y que, de repente, reclama sus servicios para sacarlo de un problema tremendo. Buen comienzo. Pues toma, en la página 50 o 60, el hermano muere. ¡Muere! No te enfades conmigo, ese no es el final del libro, es justo el principio y sale en todas las sinopsis y reseñas pues ahí comienza la verdadera historia. Pero yo no me lo esperaba y te juro que me quedé boquiabierta cuando ocurrió.

Me encantan estas sorpresas al comienzo de una historia, no te han preparado para ellas, no han tenido tiempo, pero si lees las sinopsis, si te preocupas en buscar información y reseñas antes de embarcarte en l alectura, te las vas a perder.

Asíq ue te propongo que hastas esto alguna vez, coge un libro que alguien te haya recomendad, pero no tengas ni idea de qué va, y déjate sorprender.

En Ana, conocemos a su protagonista y a su hermano, con quien no mantiene relación desde hace años y que, de repente, reclama sus servicios para sacarlo de un problema tremendo. Buen comienzo.

Pues toma, en la página 50 o 60, el hermano muere. ¡Muere! No te enfades conmigo, ese no es el final del libro, es justo el principio y ahí comienza la verdadera historia. Pero yo no me lo esperaba y te juro que me quedé boquiabierta cuando ocurrió.

Me encantan estas sorpresas al comienzo de una historia, no te han preparado para ellas, no han tenido tiempo, pero si lees las sinopsis, si te preocupas en buscar información y reseñas antes de embarcarte en la lectura, te las vas a perder.

Así que te propongo que hagas esto alguna vez, coge un libro que alguien te haya recomendado, pero no tengas ni idea de qué va, y déjate sorprender.

¿Te atreves?

Hasta la semana que viene, lectores.

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Comentarios (2)

¡Me encantan las sorpresas en los libros! Aunque a veces son para mal. Hace poco leí una muy afamada novela y con una sinopsis que promete lo que no da. Menudo aburrimiento de novela.
Hace tiempo, cuando vivía con mis padres, había una librería enfrente de casa. Iba a menudo a mirar. Si algo llamaba mi atención lo memorizaba y cuando iba a comprar siempre lo hacía de dos en dos: una conocido o buscado (si era lectura obligatoria en los estudios por ejemplo o muy recomendada) y otra desconocida que por lo que fuera se quedó en mi retina. Así leí, por ejemplo, Los pilares de la tierra cuando nadie sabía de su existencia. Me he llevado grandísimas alegrías y he conocido autores que antes era difícil conocer (sin las redes sociales y los blogs, nos limitábamos a los suplementos culturales de los periódicos que muchas veces estaban «comprados» por las editoriales). Y también me he llevado grandes chascos. Por suerte, pocos.
Gracias por tu artículo Arantxa. Un saludo

¡Qué identificada me he sentido con tu comentario!
Antes de los blogs y las rrss yo también me dedicaba a pasear por las librerías buscando novelas que me llamaran la atención aunque no conociera a sus autores. Todavía lo hago, la verdad. ¿Hay algo mejor en el mundo que pasear sin rumbo por una librería o biblioteca? Y, como tú, yo también descubrí así grandes maravillas y algunos chascos, aunque también menos. ¿Por qué será?
Un abrazo muy fuerte, Pilar. Y gracias por tu comentario.

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