5 motivos por los que cierran las librerías (y quizá no sea culpa tuya)

cierre-librerias - arantxarufo.com
Compartir:

En los últimos tiempos todos hemos visto librerías que conocíamos de toda la vida ir cerrando sus puertas. Y duele, ¿verdad? Vaya que sí. Sobre todo si te echan a la cara que la culpa es tuya.

¿Es así?

Recientemente ha cerrado una librería en mi ciudad, una de las clásicas, de las de toda la vida, la que, durante muchos años fue LA librería de Santa Cruz. Pasaron de tener un local a abrir 4 casi de golpe y luego, con los años, acabaron abandonando esos 4 más la que había sido su sede original para trasladarse a un edificio completo en el centro.

Y era una pasada de edificio, bien situado, precioso, organizado, una planta para literatura infantil, otra para libros universitarios y especializados, otra para ficción… No era ninguna de esas librerías enormes y preciosas que encuentras en Madrid o Barcelona, pero aquí abajo era lo mejor que habíamos visto jamás.

Y ahora ha cerrado.

Y, por supuesto, la culpa es nuestra, de los lectores y de la gente que no lee. De los que piratean libros. De los jóvenes, que ya no aprecian la cultura, y del país, que se va a la mierda.

De todos, menos suya.

Es muy difícil hacer un diagnóstico completo sobre la situación de la cultura en general y de las librerías en particular, hay un millón de factores que intervienen en el asunto y la mayoría de ellos son desconocidos para el gran público, desde la regulación de los precios por parte del gobierno hasta las exigencias de almacenaje de las distribuidoras o las políticas de imprenta. Pero, aparte de eso, si hay algo en lo que todos los analistas parecen ponerse de acuerdo es en que la culpa nunca es del negocio, siempre es de los clientes. ¿Crees que tienen razón?

Esta semana intento darle un nuevo enfoque al asunto pues, nos guste o no, los libros son mercancía y, como tal, las tiendas que los venden deben ser analizadas desde un punto de vista empresarial.

El final del mundo como lo conocemos

Las ciudades evolucionan, los viejos negocios cierran y abren otros adaptados a los nuevos tiempos o las nuevas clientelas o lo que sea.  Cuando es una tienda de ropa no pasa nada, cuando cierra una ferretería o una zapatería o cualquier otro negocio, no pasa nada. En mi ciudad ya no queda ni una puñetera tienda de discos, y no he oído a nadie quejarse aunque yo pase por delante de los locales que pusieron banda sonora a mi vida y tenga ganas de llorar. Pero, ¡ay! cuando cierra una librería es porque somos unos incultos ignorantes incapaces de apreciar el arte y la cultura.

Bueno, sí, pero quizá no sea tan sencillo.

Las librerías como algo más

Os voy a contar una historia:

Hace 4287 años, regresé a mi ciudad natal, Madrid, para estudiar en la universidad.

Como en aquella película de «El abuelo made in Spain», en la que Paco Martínez Soria salía del pueblo por primera vez y recorría Madrid con cara de alelao, yo hice algo parecido. Recorrí la ciudad, las tiendas, los bares (sobre todo esto jjjj)… Y una de mis primeras paradas fue la FNAC. Llegué, vi aquellas inmensas estanterías llenas de libros de todo tipo y vi el rincón de lectura que ofrecían gratuitamente allí en medio para que cualquiera se sentara a leer, y casi me echo a llorar.

Esta sala, aunque entonces no estaba tan petada
Esta sala, aunque entonces no estaba tan petada

Que una librería te ofreciera un espacio en el que sentarte a leer tranquilamente me parecía un sueño. Con los años descubrí que había otras librerías que lo hacían, algunas que organizaban eventos, que organizaban charlas con escritores, clubes de lectura, firmas, actividades para todo tipo de públicos… Librerías que trataban de atraer clientes de todas las maneras que se les ocurría.

Cosas que las librerías que conocía hasta ese momento no habían hecho jamás, más allá de las anuales Ferias del libro.

Esas grandes librerías en Madrid seguían vendiendo los mismos libros que la de Santa Cruz, pero ofrecían algo más, se habían adaptado a los nuevos tiempos y habían aprendido que, precisamente, un libro no es un tornillo. Un libro no es algo que yo voy a la tienda, lo pido y me marcho, porque para eso ya están las tiendas online o incluso los supermercados.

Es evidente que una librería pequeña no puede competir con un megacentro como la FNAC, la Casa del libro u otras grandes superficies, pero incluso las más humildes pueden intentar conquistar al cliente a su manera. Una librería debe trasmitir ese amor por los libros y ese cuidado al lector, debe ofrecerle un espacio en el que curiosear y sentarse, leer y charlar con otros amantes de los libros que, incluso, le recomienden nuevas lecturas que comprar allí mismo.

La importancia de los libreros

Esa magnífica librería de la que os hablaba antes y que había comenzado siendo una librería de barrio para luego convertirse en un megacentro, de repente, empezó a cambiar a sus trabajadores. No había dinero, la crisis, blablabla… Nada que no imaginéis.

Y los empleados de toda la vida que conocían cada uno de los libros con los que trabajaban y a todos sus clientes, que te veían entrar y ya sabían qué recomendarte, que te avisaban de que tu autor favorito había sacado libro y que te aconsejaban que, si te gustaba tal, leyeras a cual… desaparecieron.

Y entró otra gente, familiares de. Gente que no tenía ni idea ni ganas, a los que preguntabas por un libro y todo lo que sabían hacer era consultar en el ordenador si lo tenían o no. ¿Recomendarlo? No sé. ¿Recomendar alguno de tal género? Ah, es que yo no sé, espera que pregunto. ¿No tienes tal libro? No.

Otras librerías se ofrecían sobre la marcha para mandarlo a pedir. Ellos no. Ah, no sé, ni idea.

cierre librerías - arantxarufo.com
¿Qué libro dice usted que busca?

 

Ahora os cuento otra historia.

Mi madre fue a buscar una serie de libros para mí en Navidad. Tenían los más famosos, por supuesto, pero los raros no. Y punto. Fue a otra librería, los mandaron a pedir y los tenían antes de nochebuena, como prometieron (y recuerda que esto es Canarias, eso tiene su mérito). Un mes después la volvieron a llamar. Uno de aquellos libros que había ido buscando estaba descatalogado y no lo habían podido conseguir entonces, pero lo acababan de reeditar. ¿Lo seguía queriendo? ¡Aquel chico se había quedado con la nota por si acaso y ahora la avisaba de que el libro volvía a estar a la venta!

Adivina qué. Esa librería se ganó dos clientes fieles desde entonces, mi madre y yo.

¿Imaginas qué librería nos perdió?

Así que, ¿cuáles son los motivos por los que cierra una librería?

  1. Los tiempos difíciles: Es así, nadie va a negarlo, los tiempos son difíciles para todos, la gente lee menos y la irrupción de las librerías online con sus catálogos inmensos y la disponibilidad inmediata no ayuda a los pequeños comercios.
  2. La falta de marketing: Hay que atraer al público como sea y cuando sea, no solo cuando necesitan comprar un libro para un regalo o en las navidades.  Necesitas que a la gente le apetezca pasar por ahí, que participe en clubes de lectura, que acuda a firmas y presentaciones.
  3. La literatura estacional. Discúlpame por llamarla así, pero si las editoriales dan de lado a los escritores de verdad, que van a sacar (o pretenden hacerlo) 10, 20 libros o más a lo largo de su carrera, y dan prioridad a las figuras populares televisivas que sacan un libro en Navidad y si te he visto no me acuerdo, venderán miles de ejemplares de este, una vez. Nunca más. ¿Es eso lo que interesa? Pues ellos sabrán.
  4. Libreros sin conocimientos: Si un lector no encuentra a un cómplice en el librero, mal vamos. Si me gusta un libro y no eres capaz de recomendarme otros similares ni de decirme que el mismo autor tiene otros dos o tres o cuatro, mal vamos.
  5. Los lectores: Los que leen poco porque leen poco y los que leemos mucho, porque cada vez lo hacemos más en digital. ¿Es lo mismo? Para nada. ¿Es más barato? Joder, sí, pero es que también necesitamos comer.

¿Está todo perdido?

No lo creo. Sigue habiendo librerías, y cada vez son mejores. Los libreros saben de lo que hablan, organizan actividades, firmas y presentaciones, se molestan por tener unos locales atractivos en los que el cliente sienta ganas de pasear y curiosear en las estanterías.

Cada vez que visito una ciudad nueva, acudo a una o dos o varias librerías de las que me hayan llegado referencias por Internet. Y descubro algunos lugares increíbles. Y no me refiero a enormes superficies comerciales, me refiero a lugares más o menos pequeños pero siempre cuidados y atractivos. De los que no querría salir nunca y en los que, por Dios, me lo compraría todo.

cierran librerías - arantxarufo.com
Me llevo este y este y este…

 

Conclusión

Sin duda, es muy triste que cierre una librería, no lo voy a negar, y menos teniendo en cuenta que me he pasado la vida entre libros, descubriendo autores gracias a las recomendaciones de los libreros y paseando entre estanterías en las que apuntaba lo que leería después del que tenía entre manos y después de ese y después de ese.

Es triste, tanto como que cierre cualquier otra tienda de barrio de cuyos ingresos depende una o varias familias.

Es triste, pero no se puede culpar siempre al cliente. Los tiempos cambian y el inmovilismo de un negocio que durante demasiados años se creyó con el monopolio de un sector no ayuda a mantenerse en pie.

Durante años, aquella fue (casi) la única librería que había en la ciudad, y cuando llegaron otras con nuevas ideas y con ganas de hacer cosas diferentes se la llevaron por delante. ¿Me alegro? No, se me rompió el corazón, era la librería de mi infancia, adolescencia y parte de edad adulta. Pero no voy a cargar con las culpas.

Esas otras librerías están subsistiendo como pueden. No voy a decir que sea fácil ni que se estén haciendo millonarias, pero ahí van. Lo están haciendo bien, muy bien, se esfuerzan en organizar actividades en ofrecer el mejor servicio al público y en luchar contra todas las dificultades que conlleva un negocio como ese, porque, admitámoslo, todas las razones que alegan en su defensa son ciertas, se lee poco, el mercado digital está ganando adeptos, las condiciones de las distribuidoras son dictatoriales y el mercado está como está. Muchas de ellas están luchando y haciéndolo lo mejor posible y, aun así, se están viendo obligadas a cerrar sus puertas.

En un sector en el que los precios están regulados por ley, necesitas utilizar otras armas, y nadie te asegura que con ellas puedas ganar, pero echar siempre la culpa al cliente quizá no sea tan real como parece.

¿Qué opinas? ¿Has visto cerrar alguna librería de toda la vida en tu ciudad? ¿Crees que hay algún otro motivo por el que cierren aparte de los que he nombrado o crees que no tengo nada de razón?

En cualquier caso, no te olvides de seguir comprando libros.

Hasta la semana que viene, lectores.

Compartir:

Comentarios (8)

Suscribo cada uno de los puntos y motivos que señalas. Es triste, mucho. Pero quizás se merezcan seguir adelante las que se esfuerzan por adaptarse a los tiempos y a las que aún les importan sus lectores (y no sólo clientes) y los libros. También tenemos culpa los lectores y los los no lectores, claro.
Una pena que al final cerrara la librería, era (y estaba en) un lugar espectacular.

Gracias por tu comentario, Alex.
Es cierto que la culpa en este tema se reparte entre un montón de factores, desde el lector hasta el sistema en sí mismo. No es fácil, pero todos debemos admitir nuestra parte de responsabilidad.
Un abrazo.

Me ha gustado mucho la entrada, especialmente la parte en la que nos recuerdas, que es un negocio, y como tal debe de estar regentado y llevado por gente que ame su trabajo y sepan adaptarse a los tiempos. Todo cambia y evidentemente no me puedo sentir responsable del hundimiento de este tipo de negocio. Hace unos años leía una opinión muy similar y también cargada de sólidos argumentos como los tuyos del propio Arturo Perez-Reverte. Un saludo y sigue con este interesante blog.

Muchas gracias por tu comentario, Javi.
Muchos lectores se han mostrado de acuerdo conmigo, aunque a los libreros no les haya hecho tanta gracia mi reflexión. Hay muchísimos factores que toman parte en esta situación, pero acusar tan solo al cliente y lavarse las manos es demasiado fácil y no lleva a ninguna parte.
No sabía lo del artículo de Reverte, a ver si lo busco para leerlo.
Un abrazo, espero volver a verte por aquí 😉

Hola, otro punto que se te ha olvidado y que nadie dice, es la presión fiscal.
Se nos abren las carnes cuando cierra una librería pero no cuando lo hace una peluquería, una pastelería, un taller, un imprenta (pequeña, que también las hay) o quioscos que en mi ciudad apenas quedan cuatro, y las causas son las mismas que citas anteriormente, además el precio del alquiler del local, el material, la luz, la seguridad social, el sueldo aunque a veces para los autónomos no llega ni al mínimo establecido pero les da igual y los impuestos trimestrales y anuales.
Otro matiz importante como bien has dicho es que es muy difícil competir con Fnac o Casa del libro, pero es peor hacerlo contra Amazon, Aliexpress o cualquier tienda de internet. Hemos creado nuestra propia soga y ahora nos estamos ahorcando con ella.
Por todo esto siempre, siempre voy a un pequeño comercio, el otro día comenté en Twitter (pásate porque contarlo sería un comentario muy largo) lo que oí en una librería por la falta de experiencia de librera en una gran librería.
Apoya siempre al pequeño negocio, a todos.
Saludos.

Tienes toda la razón, Raquel. Las librerías, como casi todos los negocios locales a día de hoy, se están enfrentando a gravísimas dificultades para subsistir, desde los impuestos y los precios abusivos de casi todo, hasta el mercado digital en Internet.
Yo también estoy a favor de acudir siempre al negocio local, pero este no puede conformarse con echarle la culpa al cliente si no le va bien. Como negocios que son, deben ofrecer un buen servicio, y no mezclar telas con prejuicios
Un abrazo

Qué reflexión tan interesante, Arantxa.
Yo he de decir que soy cada vez más de librería. Antes no, porque mis padres tenían la casa llena de libros y desde muy pequeña me inculcaron la política de la biblioteca para que no los echara de casa con mis libros, jajaja. Pero como dices, tiene que ser una librería donde los libreros sepan recomendarme lo que estoy buscando en ese momento. Un buen librero siempre conseguirá que vuelvas 😀
¡Un abrazo!

Muchas gracias por tu comentario, Anael.

Creo que en lo que dices está, precisamente, el meollo del asunto. En una librería, mucho más que en cualquier otro negocio, gran parte de la responsabilidad reside en el trabajador; el librero, con sus recomendaciones y opiniones, es una herramienta clave para fidelizar al cliente y que volvamos a él siempre que necesitemos lecturas.

Un abrazo

Deja un comentario

  Acepto la política de privacidad

Información sobre protección de datos

Responsable: Arantxa Rufo
Fin del tratamiento: Controlar el spam, gestión de comentarios
Legitimación: Tu consentimiento
Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad, olvido.
Contacto: info@arantxarufo.com.
Información adicional: Más información en nuestra política de privacidad.

Artículos relacionados