Hablemos de sexo… y literatura. ¿Cuál es el problema?

El sexo en la literatura - arantxarufo.com
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Ya veis, dicen que el sexo es lo que vende y yo ya no sé qué hacer para que os quedéis por el blog. ¿Queréis sexo, pequeños degenerados? Pues venga, vamos a hablar de sexo.

¿Qué tiene este tema que nadie está satisfecho con su tratamiento en las novelas?

Hace unos años surgió el boom de la literatura erótica y, de repente, todo el mundo escribía sobre sexo como si no hubiera un mañana. Parecía que el tema comenzaba a normalizarse, pero no fue así, aun existe una enorme polémica en lo que a sexo literario se trata, sobre todo cuando salimos del género erótico en concreto.

¿Por qué?

¿Es tan horrible introducir una escena de sexo más o menos explícito en una novela?

Bueno, no y sí.

Sobre lectores ofendidos por el sexo

Si lees las valoraciones en Amazon de mi novela, En el punto de mira, encontrarás el comentario de una lectora (creo recordar que era una mujer o, al menos, firmaba con nombre femenino) que dice que la novela le gustó mucho, pero que no entiende por qué había tanto sexo. Tanto sexo.

Si has leído la novela, (y si no, ¿a qué esperas, alma de cántaro?) sabrás que apenas se desarrollan dos escenas sexuales, y ambas están tratadas muy por encima, nada que ver con una escena erótica como tal, un par de párrafos y fuera. No era necesario entrar en mayor detalle y por eso no las alargué más de lo que consideré oportuno. ¿Auto censura? No, simple coherencia. Lo que hicieran o dejaran de hacer los personajes bajo las sábanas no era relevante, tan solo lo era saber que acababan bajo las sábanas.

Yo no considero que haya sexo en mi novela, lo que sí hay es sangre, una mujer que se dedica a asesinar por dinero, hay muslos reventados de un balazo, charcos de sangre en la acera y trozos de hueso flotando entre músculos desgarrados.

Pero la lectora no se sentía ofendida por eso, se sentía ofendida por el sexo.

¿Qué nos pasa con el sexo?

¿Qué nos pasa con el sexo?

Estuve leyendo sobre este tema por internet. En una de las primeras páginas que visité comentaban que, en cierto sentido, el sexo en la literatura nunca será del gusto del lector, por demasiado explícito, demasiado poco explícito, por escribir muchas escenas sexuales o por evitarlas por completo. Quizá sea verdad, puede que sea un tema tan íntimo y humano que nunca terminará de agradar al que lo lee.

Analizando esto, llegué a la conclusión de que, en mi humilde y personal opinión, hay 3 tipos de sexo en la literatura

3 tipos de sexo en la literatura

La novela erótica

Este género, que antes de Grey y sus sombras era un género minoritario de cara a los medios, y cuyos lectores prácticamente lo consumían a escondidas, se ha convertido ahora en uno de los géneros más vendidos en todas las listas. Hay centenares de escritores y escritoras que se dedican a narrar este tipo de historias en las que el sexo es el protagonista.

Tanto se ha extendido este tratamiento del sexo, que la novela romántica resulta cada vez más difícil de distinguir de la erótica, y que novelas que no tienen nada que ver con una u otra, incluyen escenas sexuales explícitas sin venir a cuento.

El sexo con calzador

Esto no es un caso que haya comenzado a darse en la actualidad, en absoluto, hay un mantra en publicidad que dice que el sexo vende. Y el que intente negarlo, miente.

El sexo vende, y como producto de márketing que es, se ha utilizado en las historias aun cuando no viniera a cuento.

El año pasado leí la novela Shibumi, una novela de culto de los años 70 que narra la historia de un asesino a sueldo desde su infancia en Japón tras la Segunda Guerra Mundial hasta su retiro de adulto. La historia está muy bien, pero en ocasiones tenía la sensación de estar leyendo las fantasías sexuales de un adolescente pajillero. La insistencia en relatar las hazañas y habilidades sexuales del protagonista me hicieron bostezar más de una vez. De acuerdo, el tío es una bestia en la cama, ¿podemos continuar?

Sensaciones como esta, tanto por el enfoque como por la relevancia enorme de un acto sexual en mitad de una historia, desde los que gastan chorropecientas páginas en describir una noche de pasión («El temor de un hombre sabio», de Patrick Rothfuss), los que insertan larguííííísimas, explícitas y aburridas escenas eróticas sin necesidad o los personajes hipersexualizados a los que solo les falta restregarse contra las mesas («El último pasajero», de Manel Loureiro o «El beso de Tosca«, de Vicente Garrido y Nieves Abarca, de la que hablé en mi última reseña) aparecen en demasiadas novelas a día de hoy.

En ninguno de estos casos se trata de un fallo imperdonable que arruine por completo la lectura, pero ¿qué necesidad había?

Ni tanto ni tan calvo

Luego tenemos el lado opuesto, como esas películas de los años 40 en las que, tras tenernos dos horas en vilo por saber si los protagonistas acabarían juntos o no, nos metían un fundido en negro con el primer beso y nos dejaban con las ganas.

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Venga, imagínate lo que quieras, que a mí me da risa

 

Esto se puede achacar a la época. Sin embargo, lo que no tiene excusa es el caso actual, en el que novelas que no se han reprimido a la hora de narrar mil y una peripecias de cualquier tipo, e incluso violencia explícita, pasan por encima del sexo como si quemara.

Es una reflexión que se hacía George R.R. Martin a raíz de las críticas que recibió tras la primera temporada de la adaptación televisiva de su saga «Canción de hielo y fuego» (Juego de tronos, vamos).

 

«Puedes describir con todo detalle cómo un hacha penetra en el cráneo de una persona, y nadie se quejará. Pero si describes con igual detalle cómo un pene entra en una vagina, recibes un montón de cartas de lectores diciéndote que no volverán a leerte nunca más. ¿Qué es eso? Los penes entrando en las vaginas traen al mundo mucha más felicidad que los hachas clavándose en los cráneos de las personas.”

 

¿Resulta más ofensivo leer sobre cómo follan dos personajes que leer cómo uno le corta la cabeza a otro?

¿Conclusión?

No, este tema no tiene una conclusión, el sexo es un asunto muy íntimo al que cada cual se acerca como más rabia le da, y lo que puede ofender a unos resulta demasiado aburrido para otros.

La única reflexión que sí creo que debemos hacernos como seres humanos es preguntarnos por qué nos asusta más el sexo que la violencia.

¿No estás de acuerdo? Seguro que alguna vez te has encontrado con una novela en la que el tratamiento del sexo te llamó la atención, por mucho, por poco, por explícito o por esquivo. ¿Cuál fue? ¿Y cuál prefieres, llegado el caso, mucho, poco o nada?

Hasta la semana que viene, lectores.

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Comentarios (4)

Hola Ara,
Decía Woody Allen (sin entrar a valorar al personaje en sí, con sus luces y sus -muchas- sombras) que «el sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.»
Yo creo que a una novela nunca le va mal un poco de sexo, pero si no hay argumento, obviamente, nunca será una gran novela.
Recuerdo especialmente algunas escenas de «Los pilares de la Tierra» de Ken Follet. Una gran historia que aderezaba con algunas escenas subidas de tono pero que no desentonaban en absoluto. Leerlo con 14 ó 15 años le daba otro matiz a esas escenas…
En mi opinión sexo sí, siempre, pero que no eclipse la historia.
Gracias por el post

Hola, Gonzalo.
Yo no lo habría expresado mejor. El sexo en una novela no solo no tiene por qué sobrar sino que puede ser un aderezo más para generar interés o aumentar la empatía con los personajes. Eso sí, como tú dices, si el sexo eclipsa la historia o se convierte en la base de la novela (no estoy hablando del género erótico, obviamente), entonces pierde todo el sentido y acaba siendo un estorbo más que otra cosa.
Vamos, que Woody Allen (sin valorar 😉 ) tiene razón.
Un abrazo y muchísimas gracias por leer.

Es muy triste que el sexo «espante» a tantos lectores y la violencia, el rencor, la envidia o la mala leche les atraiga por igual. Supongo que leer escenas sexuales que haga sentir incómodos a algunos lectores les hará reflexionar sobre su propia experiencia y sus carencias y eso, se acepta o se supera, pero coartar una historia por los miedos y complejos de un lector… Jamás. No estamos aquí para contentar al lector, sino para inquietar lo y llevarlo de excursión fuera de lo que conoce, y el sexo no es más que otra faceta humana. Muy humana

No puedo añadir nada más a tu comentario, Nicholas, tienes razón en todo lo que dices. La gente se incomoda ante lo que los asusta de sí mismos, y supongo que la sexualidad puede ejercer ese papel en muchas personas. Triste. Si los escritores nos dejamos influenciar por esos miedos o censuras ajenos, mal vamos.
Un abrazo y muchas gracias por tu comentario

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