Reseña: Los esclavos perdidos, de Jose Rodríguez-Trillo

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Los esclavos perdidos

Baltimore, Maryland, 1849.

Un hombre es encontrado vagando entre fuertes delirios y retorcidas pesadillas. En su lecho de muerte habla de unos manuscritos arrojados al mar y de una aterradora verdad oculta…

El cadáver es identificado con el nombre de Edgar Allan Poe.

España. En la actualidad.

El famoso escritor de novelas de terror, William Wilbruck, ha desaparecido. No se encuentra su cuerpo y nadie pide rescate. En el momento de su desaparición tiene en su poder un objeto de valor incalculable…un libro que no existe.

Unos días más tarde, la última persona que pudo verlo con vida aparece asesinada frente a la Catedral de la Almudena junto a una lúgubre inscripción que hace referencia a un demonio antiguo…

La esposa de William, Andrea, desesperada y sin saber qué hacer, pide ayuda a la única persona en el mundo que puede dársela aunque eso signifique volver a abrir la caja azul de los recuerdos que encierra las heridas de un pasado lleno de dolor.

Cuando Dan Rey abre los ojos y comprueba que su viejo compañero y amigo de la infancia, el inspector Sanzt, se abre paso entre la resaca para mostrarle la carta, sabe que una vez más el destino ha movido sus hilos y él va a volver a bailar a su antojo.

“Una canción más, cabrón”.

Se trata del amor de su vida, la mujer que le había partido el corazón.

“Lógico”

Siempre se ha tratado de ella.

Ahora, él, una vieja gloria en su décimo año de retiro, es su única esperanza.

“Puta ironía”

Dan había cometido muchas estupideces en su vida, pero embarcarse en aquel caso para encontrar al hombre por el que su primero y único amor le había abandonado, estaba a punto de ser la más peligrosa y aterradora de todas…

Lo bueno

  • Los personajes. Protagonistas y secundarios, todos están trazados con maestría, fieles a sí mismos pese a lo fácil que habría sido lo contrario.
  • Los monólogos interiores de Dan Rey. El contrapunto de humor y sarcasmo perfecto ante la crudeza de la historia.
  • La dosificación del horror. Comienza con meras insinuaciones y, poco a poco, te va dejando ver más hasta llegar a la crudeza absoluta y sin tapujos. No podía ser de otra forma.
  • El final. De aplauso. Cualquier otro me habría decepcionado.
  • Frases redondas como sentencias.

Lo malo

  • Esas frases redondas como sentencias a las que me refería en Lo bueno, que de tanto abusar de ellas pierden significado. Lo bueno, si breve… Dosificadas en menor abundancia habrían sido mucho más impactantes.
  • El final, pese a ser redondo, me planteó algunas preguntas sobre los personajes que no comprendí del todo.
  • En mi versión, la novela adolecía de una falta de corrección ortográfica profesional. No sé si el autor lo habrá solucionado.

Los esclavos perdidos. El horror de la lucha eterna entre el bien y el mal.

Hay novelas que llegan a tu vida por sorpresa y te dejan con la boca abierta. Es lo que me sucedió con Los esclavos perdidos. Una novela autopublicada que sería magnífica si no fuera por algún detalle concreto y, sobre todo, por los errores ortográficos que ya comenté con el autor en su momento y que espero haya solucionado en ediciones posteriores.

En Los esclavos perdidos comenzamos con la desaparición de un hombre, un caso sencillo, una búsqueda más. Solo que, a cada paso que dan, los personajes irán descubriendo que esa desaparición está relacionada con la lucha eterna entre el bien y el mal. Dios contra el diablo. La salvación o el fin del mundo.

Y en el centro de todo, un libro inédito de Edgar Allan Poe, unos manuscritos encontrados en botellas flotando por el mundo en los últimos cien años, que hablan de un lugar aterrador, espantosos cultos satánicos y prácticas de absoluto sadismo. No puede ser verdad, claro, todos conocemos a Poe. Pero, ¿y si lo es? Al fin y al cabo, también sabemos cómo acabó.

El autor: Jose Rodríguez-Trillo

Jose Rodríguez-Trillo nació en 1977 y estudió Ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid.

Escritor autopublicado, además de la obra que nos ocupa, ha escrito tres libros de relatos, dos poemarios y una trilogía titulada ‘El día del érase una vez’, integrada hasta el momento por ‘El reino del final de los sueños’ y ‘El ladrón de lágrimas de luna’

La trama

Durante casi 200 años han ido apareciendo en mares y playas de medio mundo unas misteriosas botellas con mensajes, mensajes escritos por una misma mano y numerados hasta formar un único manuscrito en el que su autor, que firma con el nombre del gran Edgar Allan Poe, relata la existencia de una terrorífica secta satánica oculta en un refugio secreto desde el que rinde culto al diablo y practica en su honor las más atroces formas de violencia.

Estos manuscritos no han llegado jamás al conocimiento público.

En España, en la actualidad, William ha desaparecido tras un viaje de trabajo, y Andrea, su mujer, está dispuesta a hacer cualquier cosa por encontrarlo, como recurrir a J.M.,  un viejo amigo del colegio al que no ha visto en veinte años y que sabe que, a su vez, pedirá ayuda a Dan Rey, policía retirado y primer amor de Andrea.

Dan no la ha olvidado, ella le partió el corazón y su vida se fue al garete poco después; su trabajo, su salud y su alma no se recuperaron y ahora vive en la soledad de un pueblucho entre el alcohol y los recuerdos. Pero si Andrea lo necesita, allá irá él, aunque sea para ayudarla a encontrar al hombre por el que lo abandonó.

Los amigos, Dan, Andrea, J.M., Jaime y Félix comparten un hecho traumático de su infancia, una masacre ocurrida en su colegio de la que ellos fueron los únicos supervivientes, y la desaparición de WIlliam los incitará a enfrentarse, no solo a los recuerdos, sino a un nuevo encuentro con las personas que arruinaron su infancia. En aquel viejo colegio de curas, el diablo se presentó para acabar con ellos. Ahora ellos tendrán que buscar al diablo para acabar con él.

Los personajes

Si hay algo que me enamoró de esta novela fue la fidelidad de los personajes a sí mismos. En no pocas ocasiones he encontrado historias protagonizadas por hombres y mujeres a los que te venden de una manera cuando actúan de otra totalmente diferente o que, en efecto, son de una manera hasta que llega el final, y entonces esa manera ya no encaja con lo que pretende el autor, y los cambia dramáticamente para hacer que todo se adapte a sus necesidades.

En Los esclavos perdidos no ocurre eso, al contrario, los personajes son tremendamente humanos, han tomado sus decisiones a lo largo de la vida, las cosas han salido bien o mal, pero no se arrepienten, porque han sido sus decisiones, ellos son así. Y no piden perdón.

Sin embargo, tengo que decirlo, pese a que me encantó el personaje de Andrea, casi el único personaje femenino de toda la historia, debo recalcar que adolece de un fallo muy común en prácticamente todas las novelas protagonizadas por un grupo de amigos (todos hombres y una única mujer); ella no tiene ninguna utilidad. Encontramos al experto en Poe, al hombre de los contactos capaz de conseguir cualquier cosa, al policía en activo y al detective retirado, genio de la investigación y protagonista de la novela. Todos tienen una función. Menos ella. Andrea no sabe hacer nada y no sirve para nada. Su único papel, como ocurre siempre en estos casos, es actuar como detonante de la historia (su marido es el hombre desaparecido) y objeto amoroso, real o platónico, del personaje principal. El elemento seductor. Su deseo. Nada más.

Por muy bien tratado que esté el personaje, que lo está, y por muy fiel que sea a sí mismo, que lo es, si lo eliminamos en la página 20 y lo volvemos a añadir en la 500, no cambia prácticamente nada. Una lástima, aunque, como digo, algo tristemente habitual en este tipo de historias.

Ahora sí, los personajes:

  • Dan Rey: Qué gran personaje, el héroe antihéroe. Protagonista inequívoco y, aun así, hombre machacado por la vida, en cuerpo y alma. Su gran amor lo dejó por otro, su hermana murió, él sufrió un accidente que lo dejó en coma largo tiempo y tras el que perdió su trabajo, la movilidad en una rodilla y las ganas de vivir. Cubierto de cicatrices de las que se ven y de las que no, su única fidelidad es hacia la mujer que le rompió el corazón y hacia el dolor que atesora desde la masacre que presenció en la infancia.
  • Andrea: Qué fácil  habría sido dulcificar este personaje, traicionarlo y convertirlo en alguien digno de lástima o incluso odiable. No es así, porque Andrea, como todo el mundo, tomó una decisión y, pese a quien pese, fue feliz con ella. Aunque nos joda. Andrea dejó a Dan por otro hombre, un escritor rico y famoso, le rompió el corazón, y mientras Dan Rey se hundía en la miseria, ella fue tan feliz como cualquiera pueda ser. Ahora que esa felicidad está en peligro no duda en acudir de nuevo a ese hombre que juró protegerla siempre. Porque las personas somos así. Y el que diga que no, miente.
  • Féliz: Uno de esos hombres sin escrúpulos capaz de cualquier cosa por la fama y el dinero. Desde el sucísimo negocio del periodismo del corazón, se vanagloria de haber destruido la vida de más de un famoso. Y también la de Dan, al convertir la muerte de su hermana y el trágico accidente que dejó al policía en coma en un circo mediático. Qué tentación cuando se entera de que el gran escritor, marido de Andrea, ha desaparecido. Él puede ayudar en la investigación a cambio de la exclusiva. Y, sin embargo, los lazos de la vieja amistad pueden ser más fuertes de lo que cualquiera imagina.
  • Jaime: Un experto en Poe y su obra. Imposible no acudir a él cuando el nombre del clásico escritor de terror aparece en la investigación. Todo parece girar alrededor de una obra inédita de Poe, y Jaime es el hombre ideal para comprobar la autenticidad de la obra y del horror que en ella se describe.
  • J.M.: El quinto viejo amigo de la infancia, el más cercano a Dan Rey. Entraron juntos en la policía y trabajaron codo con codo hasta que Rey se vio obligado a abandonar por su lesión. Es a él a quien primero acude Andrea, sabiendo cuál será su siguiente paso. Él, el único con una vida estable y feliz, con una mujer, hijos y trabajo, es el que más tiene que perder, y aun así no dudará en ofrecerse a ayudar a su amiga
  • John Doe: El diablo. Podría ser una metáfora, pero este tío es lo peor. Sádico, aficionado a la tortura, los asesinatos y el poder. Encarna el mal absoluto contra el que Dan y los suyos deberán luchar. Y no es un enemigo pequeño. En absoluto.

En resumen: Los esclavos perdidos

Toda una sorpresa. A destacar, los personajes, sin ninguna duda; la prosa del autor en la que cada frase es una sentencia (pese a que abusa mucho de este efecto hasta que llega a perder impacto); la manera perfecta en que va dosificando las muestras del horror al que se enfrentan los protagonistas para acostumbrar poco a poco al lector hasta el apocalipsis último. No es una novela apta para impresionables, ya lo aviso, hay sangre y sufrimiento a raudales, pero en una lucha entre el bien y el mal no puede ser de otra manera. Y el final. Admito que, mientras leía, imaginaba que iba hacia otro sitio, uno infinitamente peor, uno que me habría cabreado mucho por vender la historia y a los personajes. Pero el autor fue mucho más valiente de lo que yo habría sido, y lo cerró como tenía que ser. Perfecto.

Aunque me duela, sí tengo que avisar de una cosa. La novela padece, y así se lo hice saber al autor, una enorme cantidad de errores ortogramaticales. Fallos en los vocativos, las comas, los puntos, palabras correctas con el sentido equivocado (‘sino’ por ‘si no’, ‘porqué’ y ‘por qué’, ‘mí’ y ‘mi’…) Son errores que no puedo considerar gravísimos, pero que sí estropearon el resultado final de la lectura, sobre todo en una novela tan buena como esta. Lo digo, no solo para que vosotros, lectores, estéis prevenidos cuando la leáis, sino para que su autor me haga caso y solucione estos errores. Un corrector de estilo que arreglara algunos fallos de la trama y el lenguaje, y un corrector ortográfico profesional la habrían aupado a los altares. De Dios o del Demonio, eso ya lo dejo a gusto del lector.

¿Te atreves a enfrentarte al diablo?

Recuerda que puedes comprar Los esclavos perdidos en librerías o en Amazon

Un abrazo, y felices lecturas.

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