El bloqueo del escritor. Causas y prescripción médica.

El bloqueo del escritor - arantxarufo.com
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Nunca digas nunca jamás, dice  James Bond, y quizás con este artículo me las vaya a dar de lista y tire piedras contra mi propio tejado hasta enterrarme bajo los cascotes, pero creo que el «Bloqueo del escritor» no es tan grave como tendemos a pensar.

¿Qué es el bloqueo del escritor?

Os lo explico para los que nunca hayáis oído hablar de él. El bloqueo del escritor es ese aterrador momento en el que un escritor descubre que es incapaz de escribir. No se le ocurren ideas o no sabe cómo plasmar en papel aquellas que se le ocurren, se sienta delante de la hoja en blanco o del ordenador y sus manos permanecen inmóviles, incapaces de ponerse a teclear o agarrar el boli, casi como si no lo hubieran hecho jamás.

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Solo que lo hacían, antes lo hacían y ahora, de repente, no son capaces. ¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está esa inspiración o esas ganas que antes hacían que me levantara cada mañana cargado de energía con mil ideas en la cabeza?

Para los escritores, normalmente, escribir no es una opción ni algo que elegimos, es la sangre que circula por nuestras venas y que necesitamos para seguir vivos. Si la sangre se detiene, morimos. Y eso es el bloqueo del escritor. El terror  a que la sangre no vuelva a fluir.

¿Entonces, por qué digo que el bloqueo del escritor no es tan grave?

Para empezar, porque creo que todos los escritores lo hemos sufrido en algún momento. A veces dura años, a veces son semanas y a veces días. Pero sentimos que cada una de esas horas es el fin del mundo. Y no lo es. El mundo sigue aquí, escribamos o no. Tómatelo con calma.

Sobre los tipos de bloqueo:

El bloqueo por miedo

Creo que un escritor escribe aunque no esté escribiendo. Nuestra cabeza está permanentemente ideando historias, personajes, sueños… Somos así, vivimos en las nubes. Creo que el infame bloqueo del escritor es, en la mayoría de los casos, el bloqueo del publicador (perdón por el palabro). No nos bloquea el miedo a escribir, nos bloquea el miedo a publicar y fracasar, miedo a que los lectores crean que eso que estamos escribiendo es una basura, miedo a no ser tan buenos como creemos o como queremos creer. Es decir, miedo a que nos lean. Para eso, mejor no escribir, ¿verdad?

Por eso opino que si un escritor que está pasando por ese terrible bloqueo decide, simplemente, escribir algo con la firme promesa de que nadie, jamás, never lo leerá, entonces las ideas regresarán a su mente, la sangre fluirá de nuevo por sus venas y quizá después, cuando haya retomado el ritmo, le apetezca escribir algo que alguien pueda leer.

Supongo.

Espero.

El bloqueo por saturación

Os voy a hablar de un bloqueo que yo misma he sufrido en dos ocasiones, la primera de ellas, justo tras la publicación de En el punto de mira. Me quedé sin ideas para una nueva historia. Por suerte, tenía el borrador de Zed está muerto esperando en el cajón, y sabía que podía regresar a él, pero no se me ocurría nada nuevo. ¡Nada! Mi cabeza vivía en el mundo real y, créeme, el mundo real es un infierno.

Tantos años oyendo hablar del bloqueo del escritor, y aquí estaba, me había llegado el turno. Estaba acabada.

Me di dos meses de plazo antes de ponerme a trabajar con Zed está muerto , pues me encontraba en plena promoción de En el punto de mira, con todos los nervios y angustia que eso representa, sobre todo para un autor primerizo, y decidí que me pondría con Zed pasado ese tiempo. No pudo ser. ¿Sabes por qué? Porque al mes y medio se me ocurrió toda la trama para la continuación de En el punto de miray no me quedó más remedio que coger bolígrafo y papel y ponerme a escribir como una loca. ¡Lo único que necesitaba era dejar descansar el cerebro!

Al fin y al cabo, tiene sentido. Los últimos meses antes de la publicación de una novela, en mi caso, son meses de intensa actividad en la que no me quito la obra de la cabeza ni un puñetero segundo. Las últimas correcciones, la maquetación en digital, en papel, la portada, los preparativos para la publicación. Revisar el texto una y otra vez en busca de esa dichosa errata, la coma mal puesta, la falta de ortografía o gramatical que, las muy cabronas, siempre se acaban escurriendo ante tus ojos… El día en que la novela abandona el nido y te quedas sin nada que hacer, la sensación no es tanto de alivio (que también) como de vacío. Necesitas un tiempo para volver a entrar en el «Modo escritor». Ahora lo sé.

Lo sé porque me volvió a ocurrir tras publicar Zed está muertosolo que entonces ya estaba preparada y, pasado un tiempo prudencial, las ideas regresaron y me obligué a sentarme de nuevo a trabajar aunque no me sintiera con fuerzas. Pero la sensación fue la misma que la primera vez: el mismo vacío, la misma incapacidad para escribir y la misma falta de ganas de ponerme a hacerlo.

Porque esa es otra.

La falta de ganas

Escribir una novela puede llevar años de tu vida. Pensar la historia, los personajes, los escenarios, las situaciones, los giros. Dudas, dudas, miedos, inseguridades, esa montaña rusa de emociones que te hacen sentirte un puto genio y, al instante después, el fraude más grande… ¡Qué pereza! En serio, qué falta de ganas de meterse de nuevo en ese berenjenal. Has terminado una novela, como una maratón, ¿quién querría empezar otra con lo bien que se está sentadito en una terraza con una cerveza en la mano y la cabeza libre de miedos y dudas?

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¿Escribir, yo? Otro día

Bueno, eso es lo que nos hace escritores, supongo, que no podemos evitar volver a hacerlo. Porque sin escribir, ya lo he dicho, la sangre no fluye. Y por eso nos da tanto miedo el dichoso bloqueo.

Para cualquiera, ese bloqueo sería casi como unas vacaciones, un tiempo con la mente en blanco, sin personajes extraños pegando gritos para que les hagas caso, pendiente de lo que ocurre a tu alrededor y participando en las conversaciones de tus amigos y familiares en vez de vagar como una zumbada por tus mundos de Yupi (sí, soy viejuna). Sin embargo, ¿y si esas ideas no vuelven? ¿Qué será de mí? ESE es el miedo.

La falta de tiempo

Puedo decir que tengo dos puntos a mi favor que cualquier escritor mataría por tener:

  1. Tengo un horario de trabajo que me permite disponer de tiempo para escribir.
  2. No tengo hijos.

¿Qué significa esto? Tiempo libre y mente despejada para poder perderme en mis historias como si no hubiera nada más en el mundo. Porque en ocasiones, para mí, no hay nada más en el mundo.

Puedo decir que esos escritores que compaginan jornadas eternas de trabajo, con largos trayectos de ida y vuelta a casa y con un hogar habitado por humanos bajitos tienen todo el derecho, y casi la obligación, de vivir en un bloqueo constante. ¿Cómo no van a hacerlo? No puedo imaginar tratar de escribir con un niño dando vueltas a mi alrededor, gritando en la habitación de al lado o enfermo. ¿Escribir? Que escriba su tía. ¿Cómo vas a idear argumentos y tramas cuando la vida real te exige dedicación absoluta? Los escritores con familia sois los putos amos. En serio. Toda mi admiración.

La falta de recompensa

¿Cómo te sientas a escribir cuando tu última novela ha recibido unas críticas pésimas? Por suerte, aún no me ha pasado, pero sé que algún día llegará; hasta san Stephen King Bendito tiene novelas que no me gustan, así que algún día yo escribiré algo horrible, y cuando los lectores me lo hagan saber, ¿qué hago?

Bueno, teniendo en cuenta mi falta galopante de autoestima, aviso desde ya de que lo más probable es que me encierre en mi habitación, cancele todas mis redes sociales y no vuelva a publicar nada jamás. Ojo, a publicar. Porque sé que tardaré meses, o años, pero un día volveré a escribir, aunque sea para mí misma. Solo para mí misma.

Si no lo hiciera, ¿qué pasaría?

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A ver, niños. ¿Qué pasaría?

Que la sangre no fluye.

Pero no creo que recuperara el valor para publicar. Y es que hay que admitir que publicar una novela es un acto suicida y terriblemente exigente. Al menos, para mí. Puede que a día de hoy yo sea una escritora autopublicada con un alcance mediático más bien escaso (más bien), y que mis cifras de ventas no servirían para levantar a cualquier escritor famoso de la cama, pero yo me exijo a mí misma como si fuera a ganar el Pullitzer. Me exijo. Me exijo. Perfeccionismo, lo llaman. Una tortura, lo llamo yo. Porque trabajar como un profesional sin recibir las recompensas que recibe un profesional es duro, muy duro, y nadie puede culparte si se te acaban las ganas. Si tu mente dice «Basta» y abandonas. Si sigues escribiendo solo para ti misma, como antes, cuando una errata no era una catástrofe ni una mala crítica aparecía entre las posibilidades.

El ánimo

Que los escritores solemos estar mal de la cabeza es un cliché y, en parte, también una realidad. Creo que todos los que escribimos empezamos porque no nos gustaba el mundo real, el que nos rodeaba, y decidimos inventarnos otro. Pero ese mundo real sigue ahí, al otro lado de la puerta cerrada de nuestra habitación, y a no ser que nos convirtamos en Hikikomori (una posibilidad que a nosotros nos resulta más atractiva que al resto del mundo), tenemos que enfrentarnos a él. Y no nos gusta. Y nos hace daño. Y conozco infinidad de escritores con problemas de ánimo, depresión, abatimiento, nostalgia hacia vidas que nunca han tenido. Y cuando estás así, créeme, no quieres escribir. No quieres hacer nada.

Lo peor es que el bloqueo, lejos de ser una oportunidad para vaciar tu mente y dedicarte a ti mismo, se convierte en una losa más que cargas a la espalda. La culpabilidad de no poder escribir cuando sabes (crees) que deberías estar haciéndolo. Aunque nadie te obligue. ¿Qué más da que escribas o no?

Ese dichoso bloqueo debería ser lo último que te preocupara. Busca ayuda. Para ti. Tu escritura vendrá después. O no vendrá. Y no pasa nada.

Algunas soluciones

Eso es lo que buscas, ¿verdad? Si has llegado hasta aquí estarás harto de que te diga de dónde viene el bloqueo y, seguramente, querrás saber cómo solucionarlo. En internet encontrarás cientos de consejos, algunos mejores y otros peores. El único que yo puedo darte es este: Relájate. Olvídate de escribir y no te presiones a ti mismo. La escritura volverá. Siempre lo hace, es parte de ti.

Si quieres adelantar ese momento, hay algunos trucos que la gente que sabe asegura que funcionan:

  • Haz ejercicio: Los escritores somos sedentarios, pero te sorprendería saber lo que es capaz de pensar esa cabecita tuya cuando le falta el aire y te va a explotar el corazón después de una carrerita. En serio. Ya lo comentaba en este artículo tiempo atrás, el deporte es un gran aliado del escritor.
  • Lee: La lectura suele ser una recomendación básica para estos casos, y yo añado un detalle, lee libros malos. ¿Qué mejor inspiración que decir «yo puedo hacerlo mejor que esto»? Quizás se te ocurran mejores giros, mejores personajes, mejores tramas para el mismo protagonista… ¡Inténtalo!
  • Vivan los videojuegos: Soy muy aficionada a los videojuegos,  me parece una manera maravillosa de vivir nuevas historias y mundos de aventura. Y son fantásticos para estimular tu imaginación. ¿Lo has probado?
  • Búscate otra afición: ¿Por qué no? Cualquier actividad artística te ayudará a mantener activa la parte creativa de tu mente. Ya sea la pintura, la fotografía, el cine… Todas te obligan a ver el mundo de otra manera, y esa manera puede acabar desembocando en nuevas historias.
  • Sal: Queda con tus amigos. Porque, seamos sinceros, cuando estás metido de lleno en una novela no les dejas mucho tiempo. Así que ahora que puedes, sal con ellos. Y escucha sus historias, pero sin pensar en escribirlas, no seas pirata, solo escucha y participa de la conversación, que tu cabeza ya se estará quedando con lo que le apetezca.
  • Y sobre todo, como ya te he dicho, relájate. En serio, no pasa nada, tranquilidad. Relájate.

El caso es que hay muchísimos factores que pueden afectar a un escritor y provocar ese tan temido y a veces inevitable bloqueo. Por desgracia, solo hay una manera de sobreponerse a él: sentarse a escribir. Suena fácil, ¿verdad? Pues no, como correr una maratón con un tobillo roto. Duele y no tienes ninguna gana de hacerlo y no vas a lograr grandes resultados, al contrario. Pero si te sientas en el banquillo será peor, porque no volverás a correr nunca o te costará todavía más volver a intentarlo.

¿Y sabes qué? Que tampoco importaría. No estás salvando al mundo. Quizá deberíamos dejar de tomar nuestra escritura como la base de la civilización y aceptar que, si no escribimos nunca nada más, tampoco va a llegar el Apocalipsis. Me parece que quitarnos de encima esa presión por escribir puede ser una solución al bloqueo.

Porque el bloqueo del escritor existe y es un asco.

¿Lo has sufrido alguna vez?

Hasta la semana que viene, lectores.

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