La importancia de los encuentros con los lectores

La importancia de los encuentros con los lectores - arantxarufo
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Hace poco falleció Almudena Grandes.

Hace mucho, dirás, más de dos meses. Hace poco. Hace demasiado poco, digo yo, que aún lo tengo reciente en la memoria y en el alma.

Hace poco falleció Almudena Grandes y su figura se utilizó como arma política porque así es como funciona este país que nos tocó en suerte, pero no es de eso de lo que quiero hablar.

Hace poco falleció Almudena Grandes, repito, todavía me cuesta creerlo, y las redes sociales se llenaron de muestras de dolor de lectores a los que había cambiado la vida o, simplemente, la había mejorado con sus novelas. Simplemente. Ya ves.

Eso no me extrañó; como lectora, la lista de autores que han mejorado mi día a día es tan larga como la lista de lecturas pendientes.

Lista de lecturas pendientes
Lista de lecturas pendientes

Bueno, no.

El caso es que lo que me chocó fue la cantidad de lectores que plagaron las redes con fotografías de firmas y dedicatorias que habían obtenido de ella en ferias o presentaciones. Yo misma publiqué en mi Instagram una foto que me saqué con ella en la única Feria del libro de Madrid a la que he podido asistir en la vida.

Almudena Grandes - arantxarufo
Con Almudena Grandes en la Feria del Libro de Madrid

Cuando hablé de lo mucho que me había dolido la muerte de Toni Morrison, lo hice desde la distancia de referirme a una autora a la que jamás habría podido conocer en persona, tan inalcanzable como una estrella del rock o una estrella del firmamento, que vienen a estar igual de lejos.

Para alguien que vive en Tenerife, las firmas de libros, presentaciones y grandes ferias resultan algo anecdótico. Por supuesto que viene algún autor, de vez en cuando, pero nunca nos verás en las giras de presentación de novelas. Y aunque poco a poco van surgiendo festivales e iniciativas, no era probable hasta ahora que encontraras en las ferias los nombres de los últimos lanzamientos. De modo que nunca he sentido esa inquietud por que mi autor favorito me firmase un ejemplar. Eso, simplemente, no pasa. Y hablo de autores españoles. Ni pensar en los extranjeros.

Por lo tanto, que es a lo que voy, desde que me convertí en autora no terminé de encontrarle la utilidad a las firmas de libros. Es cierto que no me puedo comparar con Almudena en cantidad de lectores ni en repercusión de mis novelas ni en ninguna otra cosa, pero todavía recuerdo aquel día en que la conocí en la Feria de Madrid. Estaba agotada, se lo noté, sin muchos ánimos más que para firmar, una leve sonrisa de agradecimiento y poco más.

Y pensé ¿le vale la pena?

A ver, para mí, en una feria o presentación, cualquier libro vendido es una victoria, cualquier lector que se acerque para decir que le ha gustado mi obra es un orgasmo (sí, creedme), pero ¿para Almudena? Que tenía que estar harta de ferias, de firmas y de lectores que se declaraban fans, que vendía miles de libros y podía vivir de esto con holgura.

Pensé ¿a alguien así le vale la pena?

Ahí es donde me equivoqué.

No se trataba de que le valiera la pena a ella. Le valía la pena a sus lectores. Con su triste fallecimiento y la actitud de esos lectores, incluida la mía, he comprendido que aquella firma, aquella dedicatoria, aquella foto convertían a la escritora, a la estrella del firmamento, en alguien cercano, casi un amigo. Si la obra que había salido de sus manos y su alma la convertían en parte de nosotros, esa firma, dedicatoria, foto hacían que fuera un ser humano real, cercano. Algo más que un nombre, un famoso o esa estrella inalcanzable.

Por eso aquellas personas colgaron fotos de las dedicatorias y de sus encuentros con la escritora, porque ya era más que una escritora, era una amiga que se había tomado unos minutos, pese al cansancio y las horas de espera y la falta de tiempo, para una firma, una dedicatoria y una foto, para dar las gracias al lector que, a su vez, había esperado otras tantas horas para darle las gracias a ella.

No sé si aquel día le valió la pena como escritora, no sé cuánto vendió ni cuánto ganó ni cuántas horas tuvo que estar allí, tras la mesa del puesto de la librería, pero sí sé que todas las personas que salieron con su libro firmado y su foto con ella se lo agradecieron de corazón. Yo lo hice.

Y todos los que acudieron a su funeral y alzaron sus libros en el aire demostraron que era algo más que una escritora, nada menos que una escritora.

Último adiós a Almudena Grandes - arantxarufo
Último adiós a Almudena Grandes – Foto Eldiario.es

Gracias, Almudena. Gracias por todas tus novelas y gracias por estar allí ese día.

Ya nunca volveré a preguntarme si valen la pena los encuentros con los lectores. Puede que yo no mueva multitudes ni que, desde luego, mi firma signifique lo mismo que la de Almudena, la de Juan Gómez-Jurado, César Pérez Gellida o tantos otros, pero si un solo lector tiene ganas de perder unos minutos de su tiempo para que yo le firme una novela, lo consideraré un amigo, parte de la familia, como fue Almudena para tantos de nosotros.

Muchas gracias, Almudena, de nuevo y siempre.

Un abrazo y felices lecturas.

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