El confinamiento de una escritora – lectora. Supervivencia

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Hoy he decidido ponerme en modo personal, de tú a tú, y admito que he dudado mucho a la hora de escribir este artículo.Porque trata sobre estas últimas semanas de confinamiento.

En general, no he querido hablar demasiado sobre esta situación que aún estamos pasando, ni en las redes sociales ni aquí, en el blog. Y el motivo es muy sencillo: creo que esta situación es diferente para cada uno, y hay gente a la que ha tocado muy de cerca, demasiado.

Ya sea por haber perdido a un ser querido, por haber sufrido la enfermedad en primera persona, por haber perdido un trabajo… El puñetero coronavirus y lo que representa está demasiado reciente para verlo con cierta perspectiva. Hay gente que ha sufrido mucho, y no me atrevo a decir nada, ni una sola cosa, que agrave su dolor.

Uno de los principales miedos que tengo para hablar de este tema es que me siento una privilegiada. Mi familia es muy pequeña y tengo a todos sus miembros controlados, vivos, sanos. Todos conservamos los trabajos, al menos por ahora, y si no pensamos mucho en el futuro, la única preocupación es en qué gastar todas estas horas de encierro.

¿Qué difícil parece, verdad? Qué fácil olvidamos que hay gente en situaciones mucho peores, que ha habido épocas mucho peores, que quien más quien menos tiene Internet, un teléfono móvil para mantener el contacto con los seres queridos, una televisión y, si eres de los míos, muchos libros por leer.

El confinamiento de una lectora

A lo largo de mi vida, la lectura siempre ha sido un método de escape para huir del mundo real. Siempre. Por eso, mi reacción lógica cuando esto comenzó fue refugiarme en ella.

Estoy leyendo como si me pagaran, devorando un libro tras otro. No obstante, no logro evitar la sensación de que se escurren ante mis ojos casi sin dejar marca. Lo veremos más adelante, cuando esto no sea más que un recuerdo y repase la lista de lecturas desde la distancia, pero siento que muchas de las historias que estoy leyendo estos días desaparecerán de mi memoria. No sé por qué.

Sé que hay gente a la que le esta pasando algo similar. Gente muy aficionada a la lectura, que se encuentra ahora con que no logra concentrarse en un libro, que ninguna historia la atrapa, que no le dicen nada.

Y es que, para disfrutar de la lectura, necesitamos que nuestros pies estén anclados en tierra. Para dejar volar la imaginación, necesitamos la seguridad de una red donde caer sin peligro. Si la tierra bajo nuestros pies es arena de dudas y miedos, la mente no vuela libre, y no hay lectura que soporte esa situación.

El confinamiento de una escritora

Para mi sorpresa, también estoy escribiendo mucho. De hecho, puede que en unos días termine el borrador de la que será mi cuarta novela. Un borrador corto, como todos, pues el grueso del trabajo, en mi caso, sucede más tarde, a lo largo de las mil correcciones, pero ese primer borrador, germen de lo que vendrá después, está casi terminado.

Ni siquiera tenía pensado comenzar con ella. Aún tengo detalles que arreglar en la tercera, la que publicaré este otoño, pero soy incapaz de corregir con gente en casa. No puedo hacerlo si a mi alrededor noto presencias, ruidos o movimiento. En cambio, sí puedo escribir. Así ha sido siempre, de pequeña escribía incluso en el colegio, durante las clases, mientras el profesor hablaba, así que no me cuesta huir a mi mundo interior aunque haya gente cerca.

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Que quede entre nosotros

 

Por eso, en las horas muertas de los primeros días de confinamiento, decidí estructurar el plan que llevaba meses dando vueltas por mi cabeza: imágenes sueltas, escenas, diálogos… Débiles pilares sobre los que construir una novela.

Me senté y afiancé esos pilares a martillazo limpio. Y con la estructura organizada y un mes de encierro por delante, me puse a escribir.

La historia no va de confinamientos, aviso, ni de epidemias ni de enfermedades ni de encierros. Aunque sé que las librerías no tardarán en llenarse de novelas que hablan de esto -cualquier cosa sirve para vender-, la mía no será una de ellas.

La mía irá sobre… 🙊🙊🙊

Trabajar, leer, escribir. Esta es mi receta para sobrevivir al confinamiento. La mía. Puede que a ti no te funcione, y en ningún caso debes dejar que eso te afecte.

Si no puedes leer, no te preocupes, busca otro entretenimiento. Habla con quien necesites hablar, no te agobies si te sientes triste o abatido, no pasa nada, de verdad. Húndete hoy y levántate mañana. Está bien.

No todo el mundo puede ser feliz todo el tiempo, y el que diga lo contrario, por muy alto que lo diga y mucha foto que publique, miente.

Hasta la semana que viene, lectores.

Resistiremos.

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Comentarios (2)

Buenas noches Ara:
Me alegro mucho de que este confinamiento te haya servido para escribir el borrador de tu cuarta novela. Ya te anticipo que estoy deseando que publiques la tercera.
Llevas razón cuando dices que, para dejar volar la imaginación, hay que tener los pies anclados en la tierra. A mí, como a tantos otros amantes de la lectura, me ha costado mucho concentrarme, especialmente durante las dos primeras semanas. Cualquier libro que escogiese me retrotraía a la situación que estamos viviendo, no había forma de desconectar. En ese sin vivir, de manera casual, me reencontré con Ken Follet. Leí «Un mundo sin fin», (llevaba doce años entre mis pendientes) y releí «Doble juego», «El tercer gemelo» y El valle de los leones». Fue catártico, con ellos sí que desconecté y disfruté de la lectura. A partir de ahí, he leído novedades y desahogado un poco mi lista de pendientes pendientes. Algunas de estas lecturas, como «Aquella vez en Berlín», «Zed está muerto», «Nadie muere en Wellington», «La soga» de Matthew Fitzsimmons y algún otro que me dejo en el tintero, me dejarán poso. Con otros muchos, me ha pasado como a ti, no me dejarán huella. Estos últimos, pese a todo, han cumplido su cometido, entretenerme un rato, que no es poco.
En fin, vendrán tiempos mejores. Lo importante ahora, es que estemos bien.
Un saludo
Mª Carmen.

Me encantan las novelas antiguas de Follet, aquellas de espionaje que manejaba como un maestro. La «Trilogía del siglo» me gustó menos, pero reconozco que es una serie ideal para engancharte durante varias semanas, aunque no para desconectar del mundo, al contrario, hubo partes en que lo pasé realmente mal con las atrocidades del ser humano. En fin.

Me alegro muchísimo de que «Zed está muerto» te haya dejado poso, como dices; espero que esa tercera que viene en camino tenga el mismo efecto 😉

Un abrazo muy fuerte, y todo mi ánimo para estos tiempos extraños, espero que estéis todos bien.

Ara

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