Adaptaciones de libros al cine. ¿Por qué no me gustan?

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Empezaré diciendo que me gusta muchísimo el cine pero no tengo ni idea a nivel experta, ¿vale? Lo digo de entrada porque sé que este es un tema escabroso y no tardaré en recibir comentarios de gente echándome en cara que no tengo ni idea de lo que hablo. No sé por qué ocurre esto cada vez que se habla de cine, que uno no puede tener su propia opinión, que si dices que te gusta una película, te critican porque tal otra es mejor o porque la que a ti te gusta es, directamente, una basura. Para ellos. Que son los que saben.

Pues bien, me gusta mucho el cine pero no soy una experta, me gusta lo que me gusta y se acabó.

Y también me gusta mucho la literatura. Creo que eso no hace falta aclararlo, ¿no?

¿Y qué pasa cuando ambas se juntas?

Que, para mí, no sale bien.

Por qué no me gustan las adaptaciones de libros al cine

Supongo que me entiendes si te digo que, cuando leo, las historias cobran vida en mi cabeza. Suelo respetar la descripción que el autor hace de tal o cual personaje o lugar, aunque a veces no. Por el motivo que sea, hay ocasiones en que en mi mente se dibujan de formas totalmente distintas, y no hay nadie que me haga cambiar de idea, porque para mí, son así.

Y no creo que pase nada por ello. ¿Qué más da que un personaje sea rubio o moreno, alto o bajo, o, en la mayoría de los casos, qué importa que sea de tal o cual color de piel?

NADA.

Para mí, ese personaje, ese lugar, esa acción que describe una escena es como es. Y si no siempre encaja con lo que quiso dibujar el autor, imagina cómo será respecto al modo en que la muestre una película.

Y no es que la película vaya a hacerlo mal, repito, hay adaptaciones buenísimas y soy la primera en reconocerlo, pero no serán como yo las imaginaba.

Esos personajes que son míos

Otro problema que tengo con estas adaptaciones, y creo que los lectores me comprenderán, es el modo en que los personajes se vuelven parte de mí cuando leo una historia. O yo me vuelvo parte de ellos. O lo que sea.

Cualquier personaje de una novela es un ente abstracto, y por lo tanto, como lectora, puedo modelarlo a mi antojo. Si el libro está bien escrito, llegarás a conocer a ese personaje y sabrás lo que sería o no capaz de hacer, cómo reaccionaría ante determinada situación o incluso qué diría en un diálogo inventado en tu cabeza. Pero incluso así, seguirá hablando con el tono de voz de tu cabeza y guiñando el ojo como aquel chico que te gustaba o sonriendo como tu mejor amiga o inspirándote el mismo miedo que cuando tu madre te llamaba por el nombre completo. Emociones creadas por un personaje y, aun así, emociones que son tuyas y de nadie más.

Verlo en pantalla, de repente, con la cara de un actor o una actriz, que puede que se parezcan a la caracterización oficial, o puede que no, lo convierte en algo tangible. Sobre todo si son actores reconocibles por otras películas, y entonces Gandalf se convierte en Magneto y ya la hemos liado.

Y nombro precisamente a Gandalf porque El señor de los anillos es una de las mejores adaptaciones cinematográficas que se me pueden ocurrir, y porque me encanta esa trilogía de películas, así que puedo compararla con los libros sin rencor.

Pero ya no podré volver a leer los libros sin ver a Aragorn como Viggo Mortensen y a Gandalf como Ian Mackellen. Y eso no es bueno ni malo, porque la adaptación es estupenda, pero cambia mi percepción de los personajes, porque oigo sus voces en los diálogos, y las entonaciones y las expresiones faciales.

Y hay novelas con las que no estoy dispuesta a que me ocurra eso.

Me niego en rotundo a ver la adaptación cinematográfica de La torre oscurala saga de novelas fantásticas de san King bendito que adaptaron de aquella manera hace algunos años. Y si se llega a hacer esa serie de la que llevan años hablando, tampoco la veré. Esa historia, esos personajes, son míos. Y no me los van a quitar. Y no creo que vea tampoco la próxima adaptación en formato serie de la novela Apocalipsis, aunque dependerá de lo que me cuenten los que saben de mi obsesión con este autor. Porque si tiene la mitad de calidad que Cadena perpetua o La milla verdele daré una oportunidad. ¿Cómo no?

¿Y tú? ¿Qué adaptación te gustaría ver y cuál no?

Un abrazo y felices lecturas.

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