Por qué me he propuesto dejar de leer tanto (si puedo)

Dejar de leer - arantxarufo.com
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Lo sé, el título de este artículo es extraño, ¿verdad? Todos los que amamos la lectura queremos leer más, más, siempre más. Y es lógico, maldita sea, hay un millón de libros por leer y cada año salen más y tienen tan buena pinta 😭😭😭😭

Mi duda viene a raíz de una pregunta que me hice a mí misma el otro día.

¿Ya he leído este libro?

Puede que te haya ocurrido, compras un libro, empiezas a leer y algo te suena. Puede que no mucho, solo una sensación de familiaridad. ¿Yo ya he leído esto?

¡Dios mío, sí!

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Sí que lo has leído. Puede que lo leyeras hace mucho, de acuerdo, pero lo has olvidado completamente. El título, el autor, incluso la portada, no te sonaban en absoluto.

¿Por qué?

¿Por qué demonios se me olvidan algunos libros que he leído?

Entono el mea culpa sin reparo. Lo que acabo de contarte me ha ocurrido, y no pocas veces. ¿Por qué? Porque leo demasiado. Y demasiado deprisa. ¿Por qué? ¡Porque hay muchos libros que quiero leer!

En más de una ocasión me he regañado a mí misma por empezar un libro y estar pensando ya en el siguiente. ¡Concéntrate, leche!

No es difícil, ni creo que sea reprochable, olvidar un libro malo. Si no conectas con los personajes, la trama no te dice nada, la ambientación te es indiferente y el final no te estruja el alma, no hay nada que recordar. Si es tan horrible como parece, lo mejor que puedes hacer es dejarlo y pasar al siguiente, pero si no lo es tanto, si simplemente es normalito, puedes terminar de leerlo, puede que no te des cuenta en el momento de que te ha dejado igual que estabas, y puede, es seguro, que lo olvides en cuanto comiences otro.

Lo malo es cuando olvidas un libro que sí te ha gustado. Libros que has disfrutado a placer y cuyas páginas has devorado, rápido, rápido, porque la trama exigía esa velocidad o por el ansia de saber qué le ocurriría a los personajes. Y de repente, tres o seis meses después, lo ves en tu estantería y sí, recuerdas que te gustó. Pero ¿recuerdas algo más? No.

Y me revienta.

Contra las técnicas de lectura rápida

Que conste que esta es una opinión personal. Sé que hay muchísima gente que utiliza técnicas de lectura rápida para leer más en menos tiempo. Lectura diagonal, saltarse párrafos, incrementar la velocidad, buscar las ideas claves.

Dios mío, no.

No puedo (repito, esto es personal). Leer tiene que ser, para mí, un momento de disfrute y de relax. Tirarme en el sofá y enterrarme bajo capas de historias y personajes que me salven del mundo durante un rato. No quiero tomarme la lectura como una tarea, como una “técnica a seguir”, como una herramienta con sus propias reglas ni como una carrera contrarreloj. ¿Cuántas páginas he leído hoy? ¿Cuántas palabras? ¡Si de eso mismo es de lo que me estoy quejando!

Seguro que las personas que utilizáis estas técnicas estáis muy contentos y leéis más que yo. Felicidades, de verdad. Simplemente, es algo que no va conmigo.

Voy a tomarme un tiempo entre lectura y lectura

Cuando era pequeña, tenía una norma: siempre dejaba pasar un día sin leer ficción entre que acababa un libro y comenzaba otro. Nunca había escuchado el término de luto literario (que me encanta), pero ya lo respetaba religiosamente. Sabía que era necesario dejar marchar a los personajes, a la historia, que mi mente terminara de asimilarlo todo antes de sumergirme en una nueva lectura.

Es cierto que la variedad de libros que leía entonces no tiene comparación con la que tengo ahora a mi alcance. Aunque ya había mucha literatura infantil y juvenil por esa época, quizá mi ansia lectora no era la misma que hoy, y muchas veces releía mis novelas favoritas, cosa que ahora ni me planteo y echo muchísimo de menos.

Porque, igual que la relectura, he dejado de lado el luto literario de obligado cumplimiento. Acabo uno y empiezo otro. En ocasiones, incluso el mismo día, aunque eso sí que trato de evitarlo. Pero hoy termino y mañana empiezo. Sin descanso. Sin limpieza mental. Sin tiempo para que mi cerebro haga suyas las experiencias que ha vivido en la historia.

Mal.

Así que me voy a obligar a retomar aquella bonita costumbre infantil. Por muchos libros que se acumulen en mi lista de lecturas pendientes y por muchos autores que se empeñen en publicar en las mismas fechas (no quiero mirar a nadie, Juan y César) y por muchos libros que recomienden algunas blogueras profesionales del sector que parecen empeñadas en arruinar mi presupuesto (tampoco miro a nadie, Escaparate literario). Por fuerza, el día que acabe un libro, no leo más, aunque tenga tiempo. Y el día siguiente, tampoco. Día de Playstationque la tengo olvidada a la pobre. A ver si así, mi cabeza comienza a recordar mejor esos libros que disfrutó un día y no me encuentro mirando un ejemplar en la biblioteca y preguntándome.

¿Este libro es mío?

¿Alguna vez has olvidado haber leído un libro? ¿Alguna vez has sentido que leías demasiado y que, aun así, no es suficiente?

Cuéntame tu historia y la leeré entre novela y novela jjjjjjjj

Un abrazo, y hasta la semana que viene, lectores.

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