5 mentiras cinematográficas sobre los escritores

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Hoy vengo a fastidiar a todos los que alguna vez soñasteis con ser escritores o creísteis saber cómo era la vida de un escritor.

Seguro que todos lo habéis visto alguna vez, en todas las películas o novelas en las que aparece un escritor, aun en las biográficas, se nos muestra una vida casi idílica, la escritura como paraíso, sencillo, basado en la inspiración y las musas y el éxito.

Nos muestran cantidad de clichés repetidos hasta la saciedad con tanta insistencia que hasta yo me preguntaba qué estaba fallando cuando empecé a escribir y me di cuenta de que mi vida no era como lo que había visto en esas películas.

Porque lo de las películas suena muy bonito. Tan bonito como una mentira.

¿Preparado para descubrir la realidad?

Las 5 mentiras cinematográficas sobre los escritores

1- El ventanal con grandes vistas

mentiras televisivas sobre escritores - arantxarufo.com

El ejemplo de la foto es venirse muy arriba, pero seguro que todos sabéis a lo que me refiero. Ese escritor, sentado ante un ventanal enorme con unas vistas preciosas, al campo o los rascacielos de Nueva York o una callejuela divina de París. Luz natural a raudales.

No.

Yo, desde luego, no tengo un ventanal enorme con unas vistas maravillosas. Pero es que, por lo que he visto, la mayoría de escritores profesionales, tampoco. Muchos han compartido en redes sociales imágenes de sus despachos, y veréis habitaciones normales y corrientes, más desordenadas de lo que imaginaríais, y, generalmente, sin ventana. O con la ventana a la espalda.

¿Y esto por qué?

¿Sabéis lo que le gusta a un escritor procrastinar? Si tuviéramos un ventanal enorme con vistas al mar, al campo o ¡Dios no lo quiera! a la ciudad, no escribiríamos una palabra. Hacedme caso.

2- Escribir en silencio absoluto.

Los escritores televisivos viven solos en casas en las que disfrutan de silencio absoluto. Ya pueden estar bien insonorizadas, porque, si no, no me lo explico.

Los escritores de las películas no tienen familia ni hijos ni vecinos con taladro, nunca. Por supuesto, no viven en calles con tráfico.

Silencio absoluto. Me parto.

3- La copa de vino en la mesa. Siempre por la mitad.

No tienen vecinos con taladro, pero la copa de vino nunca falta, ¿eh? Un whisky, como mucho. ¡Alegría!

«Escribe borracho y edita sobrio”

Eso decía Hemingway, y en las películas se lo han tomado al pie de la letra. Lo que se han saltado es eso de «editar». Porque en las películas, las novelas se escriben de un tirón y no hay que corregir, editar ni arreglar nada.

4- La novela es maravillosa

Porque cuando el autor escribe «The end», arranca la hoja del carro de la máquina,  o se separa dramáticamente de la pantalla, bebe el último trago de vino y, en esa casa vacía y silenciosa, levanta el teléfono y llama a su editor.  “Ya está terminada”, le dice. «Y es maravillosa», añade mientras se seca una lágrima de emoción. 

¿Síndrome del impostor? ¿Inseguridades? ¿Dudas? ¿No tengo ni idea de lo que estoy haciendo? Eso no existe en las películas. El autor está tan orgulloso de su novela como de ver a su hijo batear en el colegio.

Una vez más, solo puedo decir ¡Qué envidia!

5- Y el editor se lee la novela de un tirón.

Ahí lo vemos, el editor, íntimo amigo del escritor, se lee la novela de un tirón mientras el autor espera en un sofá, a su lado, olé sus narices, cuatrocientas hojas a una cara de un tirón.

Entonces, ambos se emocionan, se abrazan, y, unos días después, la novela está en la calle. Tiempo total invertido, dos o tres meses, como mucho.

¿He dicho ya «qué envidia»?

En resumen, que si la novela criminal está plagada de leyes sí escritas y clichés, la idea que nos venden sobre la rutina de los escritores no se queda atrás.

Así que, si eres escritor, no pienses que estás haciendo algo mal, como me ocurría a mí, simplemente admite que nunca serás Ewan McGregor brindando con champán, presa de las musas.

Un abrazo, y felices lecturas.

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