Reseña: Ya no quedan junglas adonde regresar

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Ya no quedan junglas adonde regresar, de Carlos Augusto Casas

Un viejo apodado «El Gentleman» espera semana tras semana la llegada del jueves. Es el día en el que verá a Olga, una joven prostituta que despliega sus encantos de saldo en la calle Montera. Pero al viejo no le interesa el sexo. Durante el tiempo que pasan juntos, ambos abandonan las pequeñas mezquindades de sus respectivas vidas para convertirse en otra mujer y otro hombre. Irreales y hermosos, como los sueños. Un día Olga es brutalmente asesinada. Cuatro abogados son los sospechosos de haber cometido el crimen y el viejo decide que ya está harto de que la vida le arrebate todo lo que ama. Ya no le queda nada, sólo la venganza. Comienza a hacer planes para matarlos uno por uno. El hombre más peligroso es aquel que no tiene nada que perder… porque ya lo ha perdido todo.

Lo que sí

  • Los personajes protagonistas. Todos.
  • Las frases lapidarias
  • Los giros del final
  • Esa escena entre Teo y Olga

Lo que no

  • Corto, muy corto

Ya no quedan junglas adonde regresar. Personajes inolvidables, frases lapidarias y mucho  humor negro

¿Sabes cuando una novela o una película te transmite buenas sensaciones antes de haberla leído, cuando sabes que te va a gustar, aunque no puedas decir por qué, y tienes muchas ganas de leerla, pero por un motivo u otro lo vas retrasando? Eso es lo que me ocurrió a mí como Ya no quedan junglas adonde regresar, de Carlos Augusto Casas.

Después de conocer al autor en la primera edición del Festival Tenerife Noir, tenía muchísimas ganas de leer este libro; además, todo el mundo me hablaba bien de él, y yo no necesito más para apuntarlo en la lista de pendientes. Pero entre que no ha salido en versión digital, y que otras historias se le iban colando en la lista, no llegaba el momento.

Hasta ahora.

¿Por qué habré tardado tanto?

Me ha encantado la manera de escribir de Carlos Augusto Casas. Frases como lápidas, de las que vas subrayando hasta dejar el libro lleno de manchurrones, un sentido del humor tan negro que hasta te hace sentir culpable por reír, y unos personajes fabulosos, no solo en sí mismos, sino la química que el autor ha logrado reflejar entre los distintos grupos, Teo y Olga, Teo y sus amigos del bar, la inspectora Yborra y el subinspector Puertas, Herodes y su compinche… Son reales, como la vida misma, en una historia que resultaría difícil de creer si no fuera por ellos y que, gracias a ellos, te crees a pies juntillas.

Solo una queja. ¿198 páginas? ¿Por qué? ¿Por qué? Quiero más. Quiero una novela para cada uno de estos personajes. Ahí lo dejo.

El autor. Carlos Augusto Casas

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Conocí a Carlos Augusto Casas el día en que se tomó esa foto, lo cual no tiene ninguna importancia, pero quería comentarlo porque yo lo valgo.

Carlos Augusto Casas nació en Madrid, en 1971, y es escritor y periodista. Ha colaborado con numerosos medios de comunicación, tanto en prensa escrita como en televisión.

La trama

Teo es un anciano que ha abandonado ya todas las ganas de vivir, y se dedica a sobrellevar los días entre los amigos del bar y las horas muertas en casa. Excepto los jueves. Los jueves son los días que ve a Olga, una prostituta a la que contrata durante una hora para ir a comer, donde sea, donde ella quiera. Y no hacen más, solo hablan y fingen ser lo que nunca fueron y tener la vida que nunca pudieron tener.

Pero un día, Olga aparece muerta, y ese único motivo al que Teo se aferraba para vivir se convierte en rabia y en unas ganas suicidas de venganza. No importa el porqué, solo el quién, y Teo ya no tiene nada que perder.

La inspectora Yborra encuentra el cadáver de Olga y sabe que a nadie le va a importar mucho lo que le ocurrió, solo es una prostituta más. Y la inspectora Yborra tiene sus propios problemas, su marido lleva varias semanas desaparecido, y ella solo encuentra alivio en los mensajes de voz que graba en su contestador automático. Aunque cuando empiezan a aparecer más víctimas relacionadas con Olga, tiene que ponerse a trabajar y, junto al subinspector Puertas, un policía tan alcoholizado como ella, tratar de descubrir qué está pasando.

Desde aquí, seguimos el caso desde el punto de vista de todos los implicados, Teo, la inspectora Yborra y algún personaje más (fascinante), que se ve metido en esta trama sin desearlo.

Los personajes

Es cierto que en Ya no quedan junglas adonde regresar he encontrado algunos clichés entre los personajes, tanto los asesinos como los policías, pero en ambos casos he encontrado también elementos diferenciadores que los convierten en únicos. E inolvidables. Son personajes maravillosos y, como dije antes, algo que los hace tan buenos es la química que establecen entre ellos. Nada fácil de lograr.

  • Mateo Acuña, ese anciano que se cita con una prostituta cada jueves para, durante una hora, fingir juntos que son lo que nunca fueron: triunfadores. Felices. Un anciano solitario que vive esperando la muerte hasta que el asesinato de su única amiga le devuelve un motivo para levantarse de la cama. La venganza.
  • La inspectora Iborra, obsesionada con la ausencia de un marido desaparecido al que llama continuamente solo para dejar mensajes en su buzón de voz. La química entre esta policía y el subinspector Puertas, ambos alcoholizados y derrotados por la vida, pero sin ganas de rendirse, se caen fatal pero se saben iguales, es fantástica.
  • Herodes, alias Pedro Bustos, un sicario que sueña con ser un hombre normal y vivir una vida de monótono aburrimiento. Frío, con la carga a la espalda de un último trabajo que lo afectó y la esperanza de empezar esa nueva vida cuando acabe su misión. De los mejores asesinos que he leído últimamente.

En resumen: Ya no quedan junglas adonde regresar

Ya no quedan junglas adonde regresar es una de las mejores novelas que he leído este año.

Y punto. Corta, directa, con una forma de narrar la historia que me hizo subrayar medio libro (y yo no soy de escribir sobre los libros). Una novela con una historia magnífica a la altura de unos personajes inolvidables, y un final que termina de rematarlo todo. No voy a decir nada, por supuesto, pero aunque tiene un detalle que no me encajó en absoluto, debo admitir que es un final magnífico en todos los frentes que había abiertos.

No deberías perderte esta novela. De verdad.

Solo está en formato físico, pero es baratita, así que puedes comprar Ya no quedan junglas adonde regresar en Amazon

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Un abrazo, y felices lecturas.

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